martes, 18 de junio de 2024

Tekashi 6ix9ine y el “malo de la película” (I)

Con su  apología al dinero  socializa  una “falsa conciencia”

José Ángel Téllez Villalón
en Exclusivo 21/02/2023
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Daniel Hernández-rapero Tekashi
Daniel Hernández-rapero Tekashi

Me interesó el personaje, mucho antes de los sucesos frente al Hotel Packard; como subproducto de la Industria, representante de los marginados en los EE. UU.  Sobre todo, como muestra fehaciente de la enajenación capitalista. Me lo hizo notar el amigo Jon E Illescas en mayo del 2020, cuando fue noticia por    su “regreso a la música” con el videoclip  de "Gooba", filmado en el patio trasero de su casa, tras su nuevo estatus de  prisión domiciliaria, después de su juicio y encarcelamiento publicitados en la páginas faranduleras. Como en un policiaco para los sábados, lo vi portando armas de fuego mientras sonreía, encapuchado, custodiados por policías, ¿Era un rapero, un criminal o ambas cosas?

Leí sobre Tekashi 6ix9ine, visualicé sus últimos videos musicales, más  dos o tres entrevistas  con medios hispanos. Conocí que detrás de la marca y del convicto  por cargos de pedofilia, participación en tiroteos y asesinatos, el crimen organizado, la venta de narcóticos, violencia doméstica hacia su expareja Sara Molina estaba  Daniel Hernández. Un desclasado  nacido en Brooklyn el 8 de mayo de 1996, de madre mexicana y padre puertorriqueño, expulsado de la escuela en 8° grado y  que al ser asesinado su padrastro, para ayudar económicamente a su madre, se involucró con la  venta de drogas. Un joven condenado a la exclusión y al “salvese quién pueda”, más victima que victimario.

No me agradó su agresiva forma de rapear. Tampoco su imagen, su cuerpo todo tatuado, con un 69 en su frente y en le pecho,  el  pelo teñido de arcoíris, coloridos dientes de tiburón,  portando gruesas cadenas y varios relojes. El típico “blimblineo” que identifica estos MC con una proyección de capo del  narco. Tuve la esperanza en que su música y su fama no calarían aquí.

Como por ley de acción y reacción, su música y accionar violento informaban de las presiones sistémicas sobre su ser de “abajo”,  ser  “otro” para los blancos sajones y ricos,  de  un  contexto  sumamente agresivo en el que la se ha normalizado desigualdad. Sus reactivas extravagancias podían causar rechazo en algunos, pero  con ellas se identifican al menos los 20 millones de seguidores en Instagram.  Con su marginalidad se conectan otras marginalidades y su accionar enajenado es  captado como el  “natural” para esos excluidos de lo “normal”. Su “solución” se hace la “verdadera” en el nivel de significación que esos millones les importan, resulta externamente significativa,  aunque en el fondo sea engañosa.

Con “GOOBA”,  un trap simplista con una letra soez y misógina,  rompió el récord en YouTube, como  vídeo de hip-hop con más vistas en  24 horas (43 millones). Lo que no dice de sus valores estéticos o discursivos, pero sí del impacto de sus provocaciones. De una  fama condimentada  con una turbulenta vida pública, beef  con otros artistas y graves problemas judiciales;  más acusaciones de “soplón” o “rata” por el mismísimo Snoop Dogg,  por testificar contra la Pandilla Nine Trey, por lo cual redujeron su sentencia, de 47 a 2 años.

Poco después, vino con el tan vulgar y  exhibicionista “TROLLZ”, junto a Nicki Minaj, donde también aparece  amontonando billetes. 

Antes de ser conocido como rapero, Tekashi se dedicaba a hacer post de música, anime y memes, de ahí su ni su nombre manga sexual. Saltó a la fama en las redes sociales debido a una publicación de Instagram de julio de 2017 que se volvió viral tanto en Reddit como en Twitter.

A finales de ese año, lanzó su primer sencillo comercial, "Gummo", inspirado en el film homónimo de Harmony Korine, protagonizado por  un  grupo de jóvenes marginales que delinquen y se drogan, que  viven como desechos sociales en una  comunidad degradada moralmente. Para  filmarlo Hernández le pidió su mánager Seqo contratar a pandilleros de Nine Trey Blood. Quería que la estética fuese, ya sabes, llena de miembros. “Le dije  que me gustaría que fuesen todos de rojo”, declaró el rapero ante el tribunal. “Compré 3.000 bandanas rojas”, añadió, porque es lo que llevaban los miembros de los Blood.

Visto el éxito que le reportó venderse como un auténtico pandillero, Hernández quiso repetir la fórmula. “Tenía la fórmula. Sabía que había que repetir la imagen pandillera. Promoverla. Es lo que a la gente le gusta”. Entonces siguió en contacto con los pandilleros y grabó otro videoclip con ellos, 'Kooda'.

Al preguntarle el fiscal “¿Qué responsabilidades tenía [en el grupo]?, el rapero respondió: “Seguir haciendo éxitos y ser el apoyo económico de la banda. Ganar dinero y dárselo a los miembros de Nine Trey, ya fuese para ellos personalmente o para comprar armamento”. “¿Y qué obtenía usted a cambio?”. “Diría que mi carrera. Credibilidad callejera. Los vídeos, la música, la protección”, contestó el enjuiciado.

Así entró en una vorágine  peligrosa, no de película, real. Se supo que   6ix9ine había dado dinero a los Nine Trey Bloods de Nueva York a cambio de entrar  a la banda sin tener que pasar por el ritual de ingreso conocido como 'shoot my 31'.  Que finalmente acabó secuestrado y recibió una paliza de un miembro de la banda criminal. Y que fue  finalmente liberado tras entregarle joyas por un valor de 365.000 dólares.

"Gummo" fue  el primer sencillo oficial del mixtape titulado Day69, lanzado el  23 de febrero de 2018, y que debutó  en el número 4 en la lista de álbumes Billboard 200.

Las críticas señalaron las características de su propuesta musical hasta hoy. Para Charles Aaron de Rolling Stone, Day69 fue  "un sombrío fracaso" y  su “flujo excesivamente reverberado es poco más que un borbotón incontrolado de faux-menace intimidatorio”. Daniel Offner de la revista Salute Magazine declaró que Day69 "viene a cerrar con un cargador lleno y uno en la recámara. La publicación en línea HotNewHipHop criticó la producción y el contenido lírico de la mixtape, concluyó que “no hay mucho que justifique su existencia en el juego del rap más allá de un desafortunado hábito de generar atención negativa". En tanto,  Trent Clark de HipHopDX consideró  que “un proyecto como Day69 es perfecto para establecer un motivo de juego de rap, pero hace poco para romper la mística que rodea a la mente bajo la melena multicolor".

Una mente inundada por la ideología de la clase dominante, por una ideología que resulta lo bastante real como para activar enajenaciones y reificaciones, para proporcionar la base sobre las que ciertas personas forjan una identidad coherente con sus deseos e ilusiones, aunque no satisfagan sus necesidades más imperiosas. Una ideología estructurada que  deja sus huellas  en los códigos de su cultura y en sus relaciones sociales,  que  se legitima carismáticamente con instrumentos como 6ix9ine.

El rapero hace mucho ruido para “estar”, se sabe de una  periferia de la que procura escapar. A pesar de su jerga, se conduce por una  necesidad imperiosa de entrar en el discurso central, en el nivel de significación que imponen los más ricos. Sus performances y sus post fluyen por ese  cauce, el de la  rutinizacion del dogma neoliberal, de la “cultura del tener”. Un cambio cultural que comprende nuevos referentes, imaginarios y significados, con  otra axiología y otra moralidad  para dar cabida a un “perfecto idiota social”,  que siente goce de gobernarse a sí mismo como capital.  

Esa es la cultura que socializa con su “falsa conciencia” y sus rituales de  Robin Hood;  con la absolutización del poder del dinero, en definitiva. Aunque puedan moverlo objetivos nobles, como el de ayudar los pobres, termina sirviendo a los despojadores. Se le ve “llamar al mundo para que lo vean”, violenta  preceptos éticos, denigra, lacera la dignidad humana y  deja de ser auténtica su intención de ayudar.

Ya en el  vídeo de la canción "Gotti", lanzado el 16 de abril de 2018, se incluyeron imágenes de Hernández donando paquetes de billetes de $ 100 a ciudadanos pobres en la República Dominicana.  En sus historias de Instagram pueden verse escenas similares en Ecuador y en las favelas brasileñas. Eso lo conocían sus seguidores habaneros y también los ciudadanos estadounidenses que provocaron las bochornosas escenas al final del Prado.

 


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José Ángel Téllez Villalón

Periodista cultural


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