viernes, 19 de abril de 2024

Si nos vamos del campo ¿él vendrá a nosotros?

Cómo producir alimentos con el rápido proceso de urbanización que amenaza a las zonas agropecuarias...

Félix Arturo Chang León
en Exclusivo 12/09/2014
4 comentarios

No había pasado un mes de haber cumplido 15 años de edad, cuando en una fría mañana de febrero de 1968 me presenté en la recepción de la ya inexistente Radio Cordón de La Habana, en el edificio N, detrás del Pabellón Cuba, para explicar: Yo soy estudiante de Periodismo, y vengo a hacer prácticas.

Mientras localizaban a Urra, el Jefe del Informativo, que sin muchas averiguaciones ni contemplaciones indicó que pasara y fuera a una cobertura periodística, vi que había pegada cerca del teléfono, una nota muy apelativa a los sentimientos y que todavía debe tener remordida la conciencia a quien se robó un lapicero (escaso en aquellos tiempos) que según decía el texto estaba atado a algo, era para el uso colectivo de anotar recados y firmar la entrada y salida de los trabajadores.

En esa época estudiábamos unos meses y realizábamos prácticas igual período, era mi primera vez en un medio de prensa y, además estaba recién llegado a la capital cubana, apenas conocía algunas calles y no más allá de las rutas 32, 132, 64 y 91 y no salía del asombro al ver que los teléfonos tenían mucho más que los cuatro o cinco dígitos a los que estaba acostumbrado "en el interior" que era donde decían que yo vivía, lo cual me dejó muy confuso, pues siempre había creído que La Habana estaba dentro y que al exterior se salía del aeropuerto José Martí.

"Mañana, a las 10 de la mañana vas al Wajay y cubres la inauguración del vivero Viet Nam Heroico", ordenó implacablemente Urra, de quien luego supe que era un experimentado y buen periodista, pero que a mi me pareció entonces un verdadero tirano al que no le importaba que nunca hubiera oido hablar de ese lugar ni tuviera la más mínima idea de lo que debía hacer, y que además, solo tenía un trozo de tres o cuatro pulgadas de lápiz y un pedazo de libreta escolar doblada en el bolsillo trasero de uno de los tres pantalones que habia conseguido para ir a estudiar a La Habana. El único alivio fue que no me dio una de aquellas pesadas grabadoras que nunca había visto y no sabía ni encenderla.

Preguntando y volviendo a preguntar, equivocándome de ruta y paradas de ómnibus varias veces, logré encontrar el Wajay, donde me asombré con las plantaciones de Caturra que nada tenían que ver con los familiares cafetos del lomerío del Escambray, y también miré con curiosidad al gandul, un frijol para intercalar y dar sombra a los cafetales, pero que veía por primera vez al igual que unos diminutos tractores parecidos a un juguete, les decían Picolino, uno de ellos manejado por una joven con pañuelo rojo en la cabeza y un rostro inolvidable.

En la indagación llegué hasta una brigada de "Los Johnson" (sin dudas en alusión a Lindon B. Johnson, un Presidente de EEUU) y cuando dije que era periodista de Radio Cordón buscando el vivero Viet Nam Heroico, un hombre alto, de abultado vientre y que desentonaba con el ambiente agrícola me explicó con una amabilidad que no olvido: "nosotros estamos aquí porque nos votaron del trabajo, y este es el trabajo que nos dieron hasta que nos vayamos para Miami." Hubo risas, pero el barrigón continuó muy serio su labor de llenar con tierra bolsitas negras de polietileno donde germinaban plantas del aromático grano, y daba la impresión de ser el más laborioso y disciplinado de todos los cientos de miles de habaneros que rendían faenas voluntarias en el Plan Cordón de La Habana.

Después de tal encuentro, emprendí el regreso, pero hasta la fecha creo que no fue por donde llegué, pues por este camino había novedades tales como una plataforma, micrófonos, banderas de Cuba y Viet Nam, un grupo de asiáticos, y una nutrida representación de hombres y mujeres empeñados en igualar a sus compatriotas de la antigua provincia de Las Villas que se movilizaban a los cafetales del lomerío con el cielo como techo y el suelo como cama en una heroica Jornada de Los Cien Días sin más condiciones que los que cada uno fuera capaz de llevar, o quizás también las fuerzas capitalinas querían superar a quienes trabajaban en el Plan Banao en la siembra de uvas y hasta de higos como vi a la orilla de la carretera, en la entrada del poblado ubicado a unos 15 kilometros al sur de la mediomilenaria ciudad de Sancti Spiritus.

Antes de llegar a la emisora, aplaqué el hambre con una enorme pizza de abundante queso que costo 1,20 y como estaba autorizado a gastar hasta 3,50, pedi un plato de spagettis que también valia 1,20 y dejé a medias porque estaba lleno. Afortunadamente para mi aval reporteril del momento no fui explícito ni describí el escenario de lo que era un evidente acto relacionado con Viet Nam y el vivero, sino que solo dije: nadie supo decir dónde queda ese vivero. Y apenas terminé, pidieron unas disculpas que al principio me aturdieron, pero enseguida entendí: "Muchacho, perdónanos, pero nosotros también nos confundimos. Es que era un vivero que ya existe y hoy le cambiaron el nombre y le pusieron Viet Nam Heroico, por eso nadie podía decirte."

Cuando en 1972 bajaba la escalinata de la Universidad de La Habana, tras recoger solo el título porque no estaban confeccionados los carné de graduados y se habían acabado los sellitos o un pasador de corbatas (no recuerdo bien) que nunca retorné a buscar, me propuse escribir sobre lo que había dejado de existir antes de 1970: las siembras de café en los alrededores de La Habana. Y me alegro de haber olvidado hasta hoy aquel proyecto periodístico porque de haberlo emprendido, hubiera dicho que fue disparatado sembrar en la propia capital cubana el café que sus numerosos habitantes se tomarían, pues ahora, viendo que el nivel de urbanización del pais con clara tendencia al aumento y disminución de la población rural, y que pocos aceptarán como hicieron los de mi generación, dormir sobre la hierba mirando las estrellas y tener actualmente divertidas anécdotas que contar de aquellos días, pienso que la mecanización y otros adelantos científico técnicos (hasta los robots) deben introducirse, además de nuevos escenarios tal vez con otras variedades de viandas, hortalizas, frutales y granos, donde cultivos como el café y quizás otros renglones agropecuarios estén más cerca de los consumidores y, de paso, de los trabajadores.

NOTA; Mientras redactaba, recordaba aquello de si la montaña iba o no a Mahoma, y lo parafraseaba: si la gente se va del campo, entonces el campo va a la gente.


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Félix Arturo Chang León

Periodista cubano de origen chino que nació y vive en Cuba. Santa Clara. Dirigió el periódico Vanguardia durante 16 años.

Se han publicado 4 comentarios


Arturo Chang
 12/9/14 16:26

Respuesta a Paloma: Como usted bien dice: recordar es volver a vivir, pero agregaría que se requiere volver a vivir con la conciencia de en qué momento estamos. De esa manera, podremos tomar las mejores experiencias e incluso aprender de los errores. Podremos volver a intentar, pero con otras formas. Muchas gracias, Paloma, por su mensaje, que fue breve, pero contundente.

Arturo Chang
 12/9/14 15:33

RESPUESTA A SENELIO CEBALLOS: Me has sorprendido con lo de El Chico, pues es así como se llama la zona donde esta ubicado el otrora vivero de café Viet Nam Heroico. Lo había olvidado. Gracias por recordármelo.

En cuanto a los minihidroeléctricas del Escambray, le prometo que escribiré sobre el uso del agua para generar electricidad, pero será en otro momento, y haré varios trabajos sobre el tema.

Si me encontrase hoy al hombre alto y barrigón, no sería igual, pues gracias a la nueva política migratoria, puede irse para EEUU, y cuando aplique para la residencia, regresar a Cuba sin perder los bienes ni ningún otro derecho porque si retorna antes de dos años no se le considera emigrante.

Recogí café en todo el lomerio del Escambray. Muchos, muchos lugares como Sopimpa, Cuatro Vientos, La Felicidad, El Infierno, Cancan... ufff... infinidad de sitios...

Me alegra que le haya gustado mi "chapucero trabajo". Gracias por comentar.

 

Paloma
 12/9/14 15:11

...Recordar es volver a vivir.  Saludos apreciado Chang.

senelio ceballos
 12/9/14 8:16

MALDITA SEA!!!...QUE BIEN LE SALIO este trabajo..Sr. Lic. Armando Chang !!

CARAMBA..chino..asi se hace patria tambien!..Te falto unas fotos de mis MINIHIDROELECTRICAS DEL ESCAMBRAY!!..

Chino..Me lei vuestra narracion dos veces...Cuantas preguntas me salieron al momento_

..Tiempo pluscuamperfecto!!...DUDOSO- Si, te encontraras- encontrase otra vez.. con el personaje gordo y sonriente..ESTAMOS AQUI PORQUE  NOS DIERON ESTE TRABAJO PARA DESPUES IRNOS PARA MIAMI... que te diria esta vez?

..tiempo pasado simple....ESTUVISTE recogiendo cafe?..En que lugar?..Creo que es la historia viva de nuestra generacion..no de la generacion..Y..

..TIEMPO FUTURO...QUE TE DIRA LA GENERACION DE JOVENES ACTUALES AL LEER ESTE TRABAJO?

Tiempo pasado compuesto/terminado./....HAS VIVIDO esos momentos otra vez al escribir este CHAPUSERO TRABAJO??//

Un saludo grande desde el campamento..el pinto!!! o no del campamento Macaguabo..Se me olvidaba desde el campamento EL CHICO!! jajajja

TU LECTOR Y CRITICO PERMANENTE.

Ing-prof. CEBALLITOS!!!

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