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martes, 31 de marzo de 2026

Confesiones desérticas 

¿Y qué hacer si una quiere y él no?...

Mileyda Menéndez Dávila
en Exclusivo 31/03/2026
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Intimidades
A veces la energía hay que buscarla en otras fuentes. (Jorge Sánchez Armas / Cubahora)

Ella revuelve su café varios minutos antes de decidirse. Ya no sé qué pensar Peor, ¡no sé qué hacer!. Desde que llegó ha estado reflexiva, avergonzada, extrañamente silenciosa, sin novedades sobre su hijo o su negocio. Toca esperar que suelte lastre y confiese por su cuenta.

Incómoda por este tiempo de inactividad (confirmada la maldición de los lunes), me limito a observarla mientras agoto mi tercer café y el mediodía se asoma en el patio.

Aún conserva rasgos de aquella belleza juvenil que paraba el tráfico (literalmente). Esbelta, firme en sus movimientos, con un halo de inteligencia que no pide permiso. Sin embargo, la noto ajada, mustia… Me viene a la mente un proverbio: La mujer tiene la edad del hombre que la acaricia.

¿Será eso? Hace rato que no los veo, pero sé que la relación se mantiene sin penurias porque ambos son emprendedores, viven solos y no tienen vicios ni enfermedades. 

Cuando se casaron, muchas compinches la criticaron porque él era diez años mayor. ¡Envidiosas! Es más joven de alma que todos sus maridos y tiene un físico divino, decía ella con orgullo, y por mí misma sé que la edad no es un problema.

No aguanto más: su casa tiene paneles solares, pero la mía no y en cualquier momento me quitan la corriente sin terminar el encargo de JR. ¿Te vas a divorciar?, suelto a rajatabla, y su sobresalto indica que ando bien encaminada.

¡No, no, eso nunca! Voy a morir con él. Con nadie he vivido tan tranquila ni he sido yo misma sin sufrir restricciones absurdas. Nos complementamos, reímos mucho. Yo lo amo y él a mí también, es sólo que. Se detiene. Duda. La siento más preocupada por el qué dirán que por el conflicto.

Hace años que no pasa nada, suelta de pronto. He tratado de entender, de adaptarme, de hacerme la moderna, pero me gusta mucho y me duele que esté ahí, al alcance de mi mano, y tener que tragarme estas ganas perennemente. 

Antes de que pregunte, se apresura a descartar razones: ¡No tiene a nadie más! No hay problemas físicos. Sí es hetero. Y sí le gusto, porque cuando lo cuqueo reacciona. Pero no hay modo de sacarlo del punto muerto. Ya ha pasado tanto tiempo que ni yo misma sé cómo avanzar. Me da miedo humillarme.

Roto el sello de la vergüenza, vacía la taza de un sorbo y continúa desahogándose mientras se sirve vino por su cuenta. (Si llego a saberlo, le hago un Ron Collins antes). Por un tiempo intenté tomar la iniciativa, pero era pura torpeza. Nada que ver con nuestros inicios. Dejamos de tener orgasmos, de buscarnos, de ilusionarnos. Hace ya varios años que sólo somos compañeros de vida. No quiero perderlo, pero me estoy perdiendo yo: me siento despreciada, me marchito.

Vuelve a sentarse, copa en mano. Tomo la batuta: “¿Hablaron del asunto? ¿Te ha propuesto algo? Si la relación es sólida en la cotidianidad, tal vez la abren a terceros y esa energía entre ustedes se recupera… A muchas parejas les funciona.  

¡Ni hablar de eso!, salta alarmada, y otra vez se aferra a mi preciado vino español. O sea, sí… sí hablamos de eso, varias veces, pero no tiene una explicación ni para sí mismo. Al principio prometía mejorar; ya ni eso. Ahora es tierno con indiferencia. Y con lo otro no está de acuerdo. Me casé con el último hombre fiel del siglo XXI.

¡El penúltimo!, la interrumpo a carcajadas: Jojo tampoco quiere probar nada nuevo, y mira que se lo he dicho hasta en público. Las candidatas hacen cola y él sigue a la antigua. ¿Vamos a conspirar? Un poco de afrodisiaco en la cerveza y...

Mi amiga sonríe y se acomoda el pelo. No había notado las arrugas de sus manos ni la opacidad de su elegante moño. Hablo en serio, loca. Pensé que con la menopausia se me quitarían las ganas y resulta que no. Tocarme yo misma no está mal, pero extraño sus abrazos, sus gemidos, su mirada de admiración. ¿Está mal desear ser una mujer completa?.

Lo eres, acoto rápido. “El sexo no define tu estatus. Además, no eres la única en esa situación. El estereotipo dice que ellos desean más y por más tiempo, pero al menos un 15 por ciento de las terapias de pareja son por... 

Me callo. Desde el pre, mi amiga odia los números. Además, mi abuela decía: mal de muchos, consuelo de tontos. Pudiera mandarla con una especialista, pero él no va a ir. Tal vez recomendar manuales, regalarle inciensos, sugerir un amante, sumarla al wasapeo de Senti2Cuba para entretener sus noches 

Ya me desahogué, amiga. Olvida ese asunto. Me voy, que tengo suministradores nuevos. Estoy importando juguetes para una tienda on line. Ya te contaré, dice con su habitual viveza.

¡Ah, qué bien! Yo quiero un juego de armar para mi nieto. Su carcajada me sorprende, su respuesta me ruboriza: Dije juguetes, no aclaré para qué edad. Si quieres ayudarme con las pruebas técnicas.


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Mileyda Menéndez Dávila

Fiel defensora del sexo con sentido...


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