martes, 16 de julio de 2024

Tai Chi para una mejor calidad de vida

Silvia es una abuela que practica ChiGong para la salud...

Mairely Ramón Delgado
en Exclusivo 24/05/2015
4 comentarios

Silvia es una bibliotecaria jubilada, madre y abuela, que practica Tai Chi a diario en el parquecito de 41 y 34, en Kholy. Con su andar ágil, alegre y dispuesta, viene hacia mí y me dice, muy seria, que tengo que esperar, porque como es monitora debe repasar ciertos ejercicios a algunas de las alumnas que todavía no conocen bien los movimientos. Observarles me serena tanto, que casi no logro articular la primera pregunta:

¿Cómo empezó todo? “Bueno, esta abuela que te habla practica estos ejercicios desde 2009. Pertenezco a la escuela cubana de Wushu (wusu) y QiGong (chiqun) para la salud, que está próxima a cumplir sus 20 años y radica en Manrique y Zanja, siempre abierta a nuevos ingresos, también, para niños y jóvenes. El maestro dice que, el que hace QiGong desde temprano, tendrá una vejez más saludable.”

“En Cuba estamos acostumbrados a resumir las cosas en una sola palabra. A esto se le llama Tai Chi, pero en realidad lo que más practicamos las personas mayores es QiGong para la salud, que es una variante. En realidad nosotros hacemos más QiGong que Tai Chi. Lo que me viste haciendo al final sí es Tai Chi Chuang.”

“QiGong es el trabajo con la respiración, con la energía del cuerpo. Es bueno porque mueves todo lo que es el sistema osteomuscular, es decir, estás moviendo articulaciones, brazos, piernas, cintura. Hay que llevar un movimiento respiratorio a la par de los movimientos del cuerpo, y eso lleva una gran concentración. Lo que se trata es de armonizar mente, cuerpo y respiración. Los chinos le llaman los tres tesoros.”

“Cuando se armoniza mente, cuerpo y respiración, sientes paz, tranquilidad, te relajas y sueltas todas las tensiones. Para nosotros, las personas mayores, el hecho de trabajar los dos hemisferios cerebrales trae muchos beneficios. No es que la persona haciendo esto ya deje de ir al médico, pero sí ayuda, entre otras cosas, con la hipertensión y la diabetes.”

“El QiGong no es tanto para curar, sino más bien para preservar la salud. El equilibrio tan necesario entre Yin y Yang. Trabajamos con los meridianos de energía, que son los canales que utilizan los que trabajan la acupuntura. A veces sabemos para qué órgano o meridiano es el ejercicio y ponemos la mente en él, para activarlo.”

¿Hubo algún cambio visible al comenzar estos ejercicios? “Sí, muchos cambios. Me siento más ágil. Yo desde joven siempre fui muy distraída y esto me ha ayudado a estar más atenta. Más el viejo, te hablo en los términos de lo que soy, que tiende a distraerse. Más fácil se atropella a un viejo que a un niño. Esto te ayuda a la concentración.”

“Por ejemplo, una de mis experiencias… yo iba cruzando una calle. Por un lado venían carros y por el otro una bicicleta, ya sabes que las bicicletas no respetan. Y cuando la vi ya prácticamente la tenía encima. Yo ni sé cómo lo hice, cómo reaccioné tan rápido, pero la verdad es que crucé las manos a modo de escudo hacia el frente y me eché hacia atrás a la vez que apartaba de mí el manubrio. El muchacho me dijo: pero… ¡abuela!”

¿Y qué dice la familia? “Bueno, les encanta. Pero también me dicen, “mami, cada día te demoras más en los ejercicios”, porque como te produce tanto placer, tú quieres seguir y seguir. Además, cuando aprendes un poquito y sientes tanto beneficio, entonces quieres enseñarlo a otros, quieres compartir este tesoro que tienes y que le puedes hacer llegar a millones de personas más. Entonces te conviertes en profesor o, como en el caso mío, ayudas a un profesor.”

“Esto es importante para nosotros, tenemos que tener presente que en nuestro país hay una gran proporción de personas de la tercera edad y dentro de veinte años eso se va a duplicar. Mientras más personas lo practiquen, mejor. Más porque esto te hace salir de la rutina, te ayude a lidiar con las cosas de una manera más saludable.”

“El abuelo, que ya se retiró, se dedica a buscar los mandados, a cuidar los nietos, a buscar el pan en la panadería. Venir aquí te hace salir de esa rutina, te da un incentivo, una forma de ver la vida diaria de una manera distinta a la vez que te sientes útil, te asombras como puedes, a esta edad, enseñar algo, cómo puede todavía una persona aprender algo de ti.”

“Los jóvenes tienen muchos proyectos por delante, pero para el viejo ya no es así. ¿Cuántos proyectos llegaron a su fin?: tener una familia, una carrera, un esposo, hijos. Pero ya los hijos crecieron, ya te jubilaste, y vas terminando etapas. Yo hoy me siento otra persona. Yo era ansiosa, pero ahora he logrado tener un poco más de calma, ya no me estreso tan rápido. Por eso le agradezco mucho a la escuela y al profesor Roberto Vargas Lee.”

“¿Cuál es el valor que yo veo en que haya fundado la escuela? En que no ve límites en nosotros. Él nos da la clase como si tuviéramos 20 años de edad, y no puedes imaginar cuán satisfactorio es eso. No hay algo peor que ese constante… “abuela, ten cuidado”, ese recordar todo el tiempo tus limitaciones. Y ahí nos tiene él a los abuelos dando brincos dos horas seguidas.”

“No nos limita, nos ve como personas que sí, pueden, ¡y eso es algo tan estimulante! El maestro también nos habla, nos dice: “lleven una dieta sana”, “traten de no estresarse”, “si van a hacer una gestión y chocan con ciertas cosas, respiren profundo, llénense de calma”. Es decir, esto va acompañado de muchos detalles.”     

“Nosotros no solo hacemos ejercicios sino que también nos reunimos, cada quien trae lo que puede, un pudín, unas galleticas. Se le canta felicidades a la que cumple años. Por el día de las madres hacemos alguna actividad, por los padres, el día del maestro. No es solo el ejercicio, aquí también se socializa además de estar conversando con personas de tu edad, como digo yo, nos entendemos porque hablamos el mismo idioma.”   

“Y si yo le pidiera una palabra para algo que influye tanto en la calidad de vida de las personas? “Paz. Ayer mi nieta me preguntaba, “abuela, ¿qué es lo que más desearías en el mundo?” Y le dije, la paz. Ahora eres chiquita y quizá no lo entiendas, pero más adelante, lo vas a entender”.  Aunque seas millonaria, si no tienes paz, no vale la pena.”


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Mairely Ramón Delgado

Dazra Novak (La Habana, 1978). Escritora. Licenciada en Historia. Tiene varias publicaciones y premios literarios. Habana por dentro es su ventana personal al mundo.

Se han publicado 4 comentarios


maria del carmen
 1/6/15 23:42

Me gusto mucho el escrito, como siempre :)

Walqui
 27/5/15 10:25

Muy bonito este articulo, cuanto anhelo que en mi pueblo exista una escuela, un club o al menos un patio donde se practique este arte para las personas con problemas de salud o de la tercera edad, ese es un deseo que muchas personas tenemos aqui en Morón.

Admiradora
 25/5/15 12:01

Gracias Nazra, esta vez otro sector importante de nuestra sociedad visto con ojos sensibles. Espero tus artículos siempre.

Longhu
 25/5/15 8:13

Hola, me gustó mucho leer este artículo. Yo puedo constatar lo que esta persona dice, pues fuí representante en mí provincia de la Escuela Cubana de Wushu y Qigong y lo que comenta esta instructora es cierto. Lo mejor que tiene esa Escuela es que sea dirigida por nuestro Maestro Roberto Vargas Lee, ya que nos sabe cautivar y sabe hacer que amemos cada día el Wushu y el Qigong. Saludos para todos los que aman y practican en la Escuela Cubana de Wushu. Gracias por este artículo.

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