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lunes, 16 de marzo de 2026

Mexicana Ángeles Cruz presentó en Cuba su película Nudo Mixteco

La presentación de su ópera prima estuvo precedida por varios encuentros con cineastas cubanos...

Maya Ivonne Quiroga Paneque en Exclusivo 16/03/2026
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Mexicana Ángeles Cruz (Nudo Mixteco)
Mexicana Ángeles Cruz (Nudo Mixteco)

Organizada por la Embajada de México en Cuba, tuvo lugar la presentación en el habanero cine Charles Chaplin de la película Nudo Mixteco, ópera prima de la cineasta mexicana Ángeles Cruz.

Lejos de ser un simple pase de película, el encuentro devino laboratorio vivo sobre cómo el cine puede nacer de una comunidad, volver a ella y transformarla, especialmente cuando son las mujeres indígenas quienes toman la palabra y la cámara.

En la sala se dieron cita: Alexis Triana, presidente del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic), el excelentísimo Señor, Miguel Ignacio Díaz Reynoso, Embajador de México en Cuba; Eleonora Isunza, Agregada Cultural de la Embajada de México en Cuba, Miembros del Centro de Estudios Mexicanos UNAM Cuba así como cineastas, directivos y trabajadores del Icaic, junto a un público diverso.

La película, estrenada internacionalmente en 2021, se construye como un tríptico de historias entrecruzadas que giran en torno a la vida de mujeres indígenas en una comunidad mixteca, donde el regreso al pueblo, los duelos, la sexualidad y la violencia machista se expresan en clave íntima y sobria.

Diversas críticas han destacado que se trata de un relato centrado en la experiencia de las mujeres indígenas y su derecho a desear, decidir y nombrar su propio mundo, en un contexto en el que la sexualidad femenina indígena ha sido sistemáticamente borrada de la pantalla.

Cruz explicó que su cine parte de una imagen originaria: la semilla. En su comunidad campesina, el cuidado de la semilla de maíz define la continuidad de la vida; en su práctica cinematográfica, elegir la historia que va a contar implica el mismo rigor: “¿esta historia merece que yo le dedique la vida?”, sugirió.

Esa metáfora, que conecta agricultura y cine, le ha permitido pensarse como heredera de una tradición campesina que traslada al campo audiovisual la ética del cuidado, la paciencia y la colectividad.

De actriz encasillada a autora autodidacta

Antes de llegar a la dirección, Ángeles Cruz tuvo una larga trayectoria como actriz en cine y televisión, marcada por el peso del racismo estructural en México. Relató cómo, una y otra vez, los papeles que le ofrecían repetían el mismo molde: personajes indígenas estereotipados, víctimas sin matices, figuras negativas atravesadas por miradas ajenas que reducían su identidad a cliché.

Frente a ese muro, la respuesta fue escribir. Sin formación académica en guion, pero con más de quince años de experiencia actoral, estudios de dramaturgia e historia del arte, decidió que su “escuela” serían sus amigas, sus colegas y su propia comunidad, y comenzó a imaginar historias que no reprodujeran la violencia simbólica que sufría delante de cámara. Esa apuesta la llevó a dirigir cortometrajes como La tiricia o cómo curar la tristeza, La carta y Arcángel, donde ya se visibilizan la violencia intrafamiliar, las relaciones lésbicas, la infancia y la muerte en contextos comunitarios indígenas.

Nudo Mixteco es, en ese sentido, la consecuencia natural de una ruta que une la denuncia con la memoria íntima, y que convierte la cámara en herramienta para disputar quién tiene derecho a representar a quién.

Cine desde y con la comunidad

Una de las dimensiones que más marcó al público cubano fue el modo en que Cruz concibe el cine como proceso comunitario, no como empresa individual ni como carrera de premios.

En su pueblo, de alrededor de 400 habitantes, la autoridad máxima es la asamblea; allí se discuten los proyectos, se explica el contenido, el tiempo de rodaje, las necesidades logísticas, y la comunidad decide a mano alzada si apoya o no la filmación. Esa dinámica traslada al cine la lógica de los usos y costumbres: la película no “llega” a la comunidad, sino que nace en ella. Los habitantes participan como actores, técnicos, proveedores de servicios y custodios de los espacios de rodaje, construyendo lo que la directora describió como un entramado de talentos no escolarizados pero profundamente eficaces.

 Los llamados a casting se hacen mediante carteles pegados en las tiendas del pueblo, con descripciones muy concretas de los personajes; la respuesta suele ser masiva y entusiasta, y los ensayos se alimentan de una confianza mutua que desarma jerarquías rígidas entre “cine profesional” y “gente común”.

No menos importante es el retorno de las películas a la comunidad. Cruz narró el impacto de proyectar, en su propio pueblo, un cortometraje sobre abuso sexual infantil: el silencio pesado en la sala, la incomodidad palpable y, de pronto, la intervención de un niño que aclara que él no es el personaje que aparece en pantalla, pero que, si su hermana estuviera en peligro, gritaría y correría para defenderla. Ese momento le confirmó que el objetivo no era sólo “representar” un problema, sino abrir un espacio para que la comunidad dialogue consigo misma sobre aquello que duele y normalmente se calla.

Mujeres en el centro de la historia

Una de las preguntas que surgió en el conversatorio “Conoce a Ángeles Cruz, un conversatorio entre mujeres”, realizado en la sala Yelín de la Casa del Festival, apuntó al corazón de su filmografía: “¿Cómo son las mujeres de Ángeles?”

La respuesta revela una poética y una ética: sus personajes femeninos no pueden ser simples receptores del destino, sino sujetos capaces de decidir sobre su vida, su deseo y su cuerpo.

En Nudo Mixteco y en sus cortos, las mujeres indígenas no aparecen como figuras pasivas o subsidiarias de los conflictos masculinos, sino como protagonistas que encarnan tensiones entre tradición, deseo, autonomía y violencia, siempre desde narrativas que evitan el maniqueísmo. Esas decisiones dramáticas constituyen, en sí mismas, una forma de resistencia frente a décadas de cine que ha condenado a los personajes femeninos —en especial los indígenas— a papeles de víctima, madre abnegada o fetiche exótico.

Ante las asistentes cubanas, Cruz subrayó que muchas mujeres enfrentan el reto de poder decidir sobre su destino y su cuerpo, y que el arte tiene la responsabilidad de colocar a las mujeres en el centro de las historias, no sólo como tema, sino como mirada. 

La recepción en la sala, poblada de realizadoras, críticas y gestoras culturales, dio cuenta de una sintonía inmediata con los debates contemporáneos del cine cubano en torno a género, violencias y representación.

Identidades atravesadas y fondos que no llegan

La conversación derivó inevitablemente hacia las condiciones materiales del cine hecho desde las orillas. Ángeles Cruz mencionó con crudeza cómo el sistema de fondos en México sigue siendo profundamente machista y racista, y cómo las cineastas indígenas, lesbianas y procedentes de comunidades rurales parten de una desventaja estructural para acceder a recursos públicos.

Una anécdota llamó la atención del público: en un fondo estatal, su proyecto fue rechazado con el argumento de que “esa película ya se había hecho muchas veces” y que el guion resultaba “costumbrista”. La directora recordó la frustración inicial, el enojo y la sensación de haber sido leída desde el prejuicio, como si su historia fuera un catálogo de fiestas de pueblo para turistas. En vez de abandonar la idea, decidió cambiar la fecha de la convocatoria y volver a presentar exactamente el mismo guion, convencida de que la película que quería hacer tenía sentido más allá de la mirada reduccionista de un jurado.

Esa insistencia se enlaza con su metáfora de la semilla: cuando la historia es fuerte, cuando nace de una necesidad vital, es posible atravesar la larga cadena de “no” que marcan los procesos de producción, distribución y exhibición, sobre todo si se cuenta con el sostén de la comunidad y de redes de cine independiente. 

La propia circulación internacional de Nudo Mixteco en festivales y espacios alternativos ha puesto en evidencia que el llamado “costumbrismo” era, en realidad, una incomodidad frente a una mirada indígena que no se subordina al exotismo ni al folclor.

En México, el cine ha sobrevivido a crisis económicas, recortes de fondos y presiones industriales. Nudo Mixteco dialoga con esa tradición desde la modestia de su producción y la ambición de su mirada. Al compartir con cineastas cubanos sus estrategias de trabajo comunitario, sus formas de financiamiento fragmentado y su apuesta por un cine no competitivo sino de intercambio, Cruz pareció tender un puente para futuras coproducciones y alianzas entre experiencias de cine indígena y cine comunitario cubano.

El documental como nuevo desafío

Aunque el largometraje que la trajo a La Habana es de ficción, Ángeles Cruz adelantó que su siguiente proyecto es un documental profundamente ligado a su cosmovisión indígena. Contó cómo en su cultura se cree que los espíritus de los ancestros habitan los árboles que rodean la comunidad, y cómo la tala y el despojo de esos bosques amenazan no sólo el entorno material, sino también la continuidad espiritual de su pueblo.

La pregunta que guía ese nuevo filme es directa y devastadora: ¿qué ocurrirá con esos espíritus cuando ya no queden árboles? La directora confesó que el documental le impone un desafío ético mayor que la ficción, porque exige un equilibrio fino entre la intimidad de las vidas filmadas y la responsabilidad política de mostrar un conflicto territorial. Sin embargo, mostró absoluta claridad en un punto: seguirá hablando de su comunidad, de su familia y de ese bosque que la contiene, porque allí está su corazón, allí late su cine.

Nudo Mixteco funcionó como espejo: muchas asistentes reconocieron en las historias de mujeres indígenas mexicanas las tensiones que viven mujeres negras, campesinas, lesbianas o mestizas en Cuba y en otros países de la región.

Las palabras de Ángeles Cruz sobre la imposibilidad de evadir la realidad —“no puedo contar una historia de amor mientras están destrozando el cerro que me vio crecer”, resumió— encontraron eco en un país donde las crisis económicas, las migraciones y las disputas por la memoria atraviesan también la creación audiovisual.

Muchos espectadores se preguntaban cómo trasladar a contextos cubanos esa lógica de trabajo con la comunidad, ese retorno de las películas a los lugares donde fueron rodadas, esa noción de que el cine no termina cuando se apagan las luces de la sala, sino cuando empieza la conversación.

Nudo Mixteco no fue sólo una ópera prima en pantalla grande. Fue, sobre todo, la confirmación de que, cuando una semilla narrativa nace de la tierra concreta de una comunidad y se cultiva colectivamente, puede cruzar montañas, mares y fronteras, para encontrarse con otras audiencias que también buscan en el cine algo más que entretenimiento: un espejo, una herida nombrada, una pregunta que no deja dormir.


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Maya Ivonne Quiroga Paneque

Periodista, locutora, guionista y directora de radio y televisión


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