viernes, 19 de abril de 2024

Padura: un escritor sin medias tintas

Acreedor del Premio Nacional de Literatura, Leonardo Padura Fuentes, realiza una introspección de su creación novelística y su sentido de la ética como narrador y periodista...

Ada María Oramas Ezquerro en Exclusivo 21/12/2012
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Leonardo Padura Fuentes
Padura, autor de célebres novelas, también ostenta una extensa labor periodística

Leonardo Padura es un autor que posee las claves para apresar la voluntad del lector con su prosa de estilo único, cuyo lenguaje coloquial posee timbres de una poética muy peculiar con resonancias de una crudeza que sabe limar arrugas y asperezas con su talento y oficio. Durante más de treinta años ha sabido conducirse por los caminos de un imaginario donde confluyen vivencias y puntos de vista, juicios y una mirada que abarca pasado, presente y futuro en un tiempo real.

—¿Cómo defines el oficio de escritor?

—Creo que es algo muy difícil de definir. En algunos casos puede intentarse, pero en otros existen países en que puede describirse con precisión, como en Cuba, que es una profesión de fe. Donde se escribe en condiciones que —a veces— son bastante complicadas con respecto al destino del trabajo, con derechos de autor deteriorados por la economía. Pero, ante todo, es una labor donde uno tiene que entregar todo lo que tiene: su capacidad de trabajo, de reflexión y de interpretación.

—¿Y la responsabilidad de asumir tal empeño?

—Existen dos responsabilidades fundamentales: con la literatura y con la sociedad. Hay escritores que profesan una responsabilidad o la otra. Los hay que tienen una sagaz preocupación por la estética y otros por el mensaje social. En mi caso he tratado de congeniar las dos responsabilidades. He tratado de crear una literatura lo más profunda posible, al darle no sólo valor a lo estético, sino también al lenguaje. He trabajado mucho las estructuras, atmósferas y la sicología de los personajes, pero siempre pensando en el efecto social que va a tener ese trabajo.

—¿Cuáles son las claves de tu narrativa?

—Cada vez que voy a escribir una novela me formulo dos preguntas: ¿Por qué la voy a escribir? ¿Cuál será la reacción que provocará en las personas que la leen? ...El escritor debe tener muy claro su punto de vista, y su función es eminentemente social. Pero deben deslindarse los conceptos. El escritor no es un político, no es un propagandista, no es un activista social, pero su trabajo debe tener un carácter político y social. Su función se canaliza a través de la literatura y debe profundizar en el estudio de una sociedad con los recursos literarios de que dispone. Además, en mi caso, aplico el aprendizaje que adquirí en mi época de periodista reportero de Juventud Rebelde. Allí también aprendí la importancia de la comunicación con el lector, porque es una persona que piensa, juzga o rechaza lo que le propones. En el centro de mis preocupaciones está la necesidad de comunicar.

—La mayoría de los autores tienen como hijos predilectos una de sus obras. ¿Cuál es la que prefieres?

—Cada libro que he escrito, desde Fiebre de caballo hasta Herejes, que todavía no se ha publicado, cada uno de estos libros —a lo largo de más de 30 años de trabajo literario— ha sido el mejor libro que he podido escribir, pues en el momento que los redacté puse toda mi capacidad literaria, mi intención de indagación social y de comunicación de esa indagación. Y si no han sido mejores ha sido por mis incapacidades, no por mi falta de esfuerzo.

“Cada uno de esos libros me ha hecho sentir muy satisfecho y todos han marcado un momento importante en la evolución de mi carrera”.

¿Escribes en estos momentos un nuevo título?

Llevo tres años trabajando en la novela que se va a llamar Herejes, la cual considero un libro muy importante en mi trabajo, porque es la novela que he escrito después de El hombre que amaba los perros, una obra que ha tenido muchas ediciones, ha ganado premios, ha generado pasiones, debates y ha marcado un hito en mi carrera. Y todo esto me obligaba a escribir un libro que no quedara minimizado respecto a El hombre que amaba los perros.

Herejes es una novela por momentos policial, histórica, de enfoque social; en ella realizo una reflexión a lo largo de 400 años. Pero a través de personajes, la trama presenta momentos concretos de la historia mundial, de la búsqueda de la libertad y de las consecuencias que esa opción puede traer a los individuos. Me muevo desde la Holanda de Rembrandt, en 1640, hasta la Cuba de los años 40 y 50, al Miami de los años 60 hasta el 80, hasta la Cuba contemporánea”.

“Es una novela que me plantee como una combinación literaria y conceptual y espero que los lectores la reciban con tanto entusiasmo como El hombre que amaba los perros.

¿Cómo valoras tu faceta de cronista con relación a la narrativa?

El periodismo y la literatura han sido dos oficios que he llevado siempre unidos desde mi época de colaborador en El Caimán Barbudo hasta ahora en que colaboro con la agencia de noticias IPS. Porque el periodismo siempre ha sido un complemento a mi literatura y la literatura también lo es del periodismo para mí.

“He tratado de trabajar el periodismo con toda la dignidad que merece el oficio, porque me ha servido sobre todo para hacer una reflexión cercana de la realidad que hemos vivido en estos años cambiantes y complejos. Y es una reflexión mucho más inmediata, razonada y vivida a través de procedimientos puramente estéticos”.

¿Qué significa para ti el otorgamiento del Premio Nacional de Literatura?

Indudablemente es una gran satisfacción, lo valoro como un reconocimiento a la literatura cubana, a lo que se ha hecho en los últimos 30 años como valoración a su genuina literatura. Una generación que nació en los últimos años del quinquenio gris y que, desde el principio se propuso hacer una literatura diferente y un reconocimiento a que dentro de Cuba es posible escribir y publicar una literatura esencialmente cubana.


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Ada María Oramas Ezquerro

De larga trayectoria en el periodismo cultural. Premio de Oro, del Gran Teatro de La Habana y Miembro de la sección de la Asociación de Artistas Escénicas de la UNEAC


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