jueves, 22 de febrero de 2024

Cara al naciente

Mientras usurpa Asia Central y Oriente Medio, la Casa Blanca ya coordina otro salto más al este...

Néstor Pedro Nuñez Dorta en Exclusivo 07/06/2012
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Armada estadounidense
Estados Unidos concentrará sesenta por ciento de su armada naval en la zona Asia-Pacífico.

Lo expuesto días atrás por el secretario norteamericano de Defensa, León Panetta, no revela, sino confirma.

Se trata de que en un breve lapso de tiempo, los Estados Unidos concentrará sesenta por ciento de su armada naval en la zona Asia-Pacífico, con lo que elevará sustancialmente la actual cifra de buques de combate que merodean las aguas cercanas a China, el sudeste asiático, y las costas orientales rusas.

Así, la mayoría de las actuales 282 naves que componen la marina de guerra gringa estarán atentas al desarrollo de la hoy segunda economía global como potencia de primer rango, al tiempo que tendrán también en la mira a las fuerzas de Rusia, otro “enemigo peligroso”, y a un grupo importante de puntos geográficos tácticos de relevancia en aquella “caliente” zona del planeta. Por demás, Tokio y Seúl contarán con una mayor “protección directa” de su gran aliado norteamericano.

Y valen tales calificativos, por extremos que parezcan, porque no guardan el menor tipo de amplificación descriptiva.

Para los círculos estadounidenses de poder resulta una doctrina y un dogma el hecho de que, a partir del derrumbe de la Unión Soviética y del campo socialista europeo, es inaceptable e inadmisible la reorganización o surgimiento de nuevas potencias mundiales, cueste lo que cueste, y con más razón si no congenian con las ínfulas hegemonistas del imperio.

Así, toda la hostilidad desatada en los últimos tiempos en los Balcanes, Asia Central y Oriente Medio, junto al despliegue en Europa del sistema antimisiles Made in USA, no tienen otro objetivo que cercar a Moscú y Beijing, los dos grandes oponentes universales, a lo que ahora se une la decisión de colmar de buques de combate los mares de la zona Asia- Pacífico. Se trata, en pocas palabras, de apretar el cinturón agresivo en la inexorable marcha sobre el Este.

Desde luego, ni León Panetta ni Barack Obama han hecho semejante confesión pública… al contrario.

En todo caso, en sus discursos gustan hablar de la “remodelación” de la doctrina militar estadounidense a tono con los nuevos tiempos, con los agudos problemas económicos nacionales, y con el uso más eficiente de la presión castrense en el planeta.

Debemos, han dicho, tener fuerzas armadas más restringidas, pero más eficientes, activas y tecnológicamente desarrolladas, de manera de seguir garantizando las apetencias y la seguridad nacionales.

El asunto es, por tanto, recurrir a movimientos estratégicos y tácticos de distribución global de efectivos y medios, acelerar la robotización de una parte importante de las operaciones castrenses, insistir en el control y manejo del ciberespacio, y asumir golpes cada vez más concentrados, potentes y de la más corta duración posible.

Y mientras tanto, poner en juego todo el poder mediático para “dormir” a los alarmados o a aquellas víctimas potenciales con el cuento de que la por ahora primera potencia del orbe, a pesar de sus guerras antiterroristas en desarrollo, sus maniobras injerencistas en Siria, su hostilidad contra Irán, su sombrilla antimisiles en Europa, y su flota reforzada en las costas asiáticas del Pacífico, no intenta “amenazar ni agredir a nadie”.

En todo caso, lo que sucede y lo que sucederá no es más que puro trámite, casi ingenuo y casto entretenimiento… sin dudas atractivo disfraz para vestir el filo de las bayonetas.


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Néstor Pedro Nuñez Dorta

Periodista


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