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viernes, 16 de enero de 2026

Del presidio al exilio: una voz de libertad

El destierro implicó para Martí la separación forzosa de su patria y de sus afectos más cercanos, un castigo profundamente doloroso para un joven que ya había entregado su pluma y su palabra a la causa de Cuba...

Arnaldo Alfredo Delgado Fernández en Exclusivo 15/01/2026
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José Martí
Foto:Revista Cubarte

Cuando apenas contaba con dieciséis años, José Martí fue condenado por las autoridades coloniales españolas por expresar ideas independentistas en un contexto de guerra y represión contra el cubano. La severidad del castigo impuesto a un adolescente revela la naturaleza autoritaria y despótica de un sistema colonial que respondía al pensamiento crítico del joven Martí, con violencia institucional. En el presidio de La Habana, Martí fue sometido a trabajos forzados en las canteras de San Lázaro, encadenado y expuesto a condiciones físicas extremas que afectaron gravemente su salud cono asegura el Dr. Ricardo Hodelín en su célebre obra, Las Enfermedades de José Martí. Aquella experiencia no solo marcó su cuerpo, sino también su espíritu, al confrontarlo de manera directa con la injusticia y la crueldad del poder colonial español.

La deportación a España, el 15 de enero de 1871, lejos de representar un acto de benevolencia, constituyó una prolongación del castigo. El destierro implicó para Martí la separación forzosa de su patria y de sus afectos más cercanos, un castigo profundamente doloroso para un joven que ya había entregado su pluma y su palabra a la causa de Cuba. Sin embargo, el exilio también se convirtió en un espacio de reflexión y maduración intelectual y revolucionaria. Desde la metrópoli, pudo observar con mayor claridad las contradicciones morales del colonialismo y transformar su experiencia personal en una denuncia dirigida a la conciencia universal y los derechos humanos.

Es en este contexto que surge su denuncia a las barbaridades que cometía el colonialismo ibérico en las cárceles de la isla: El presidio político en Cuba, un texto escrito desde la vivencia directa del sufrimiento, pero elevado por Martí a la categoría de alegato ético. No se limita a narrar hechos; los interpreta y los carga de un profundo sentido moral. A través de una prosa intensa y emotiva, describe las condiciones infrahumanas del presidio: el peso de los grilletes, el agotamiento físico, la humillación constante y el silencioso dolor de jóvenes castigados por amar la libertad de su patria.

El lenguaje del ensayo revela ya la madurez literaria de Martí. Su escritura combina la fuerza del testimonio con una sensibilidad poética que busca conmover y despertar la conciencia del lector. No hay en sus palabras odio ni venganza, sino una profunda apelación a la justicia y a la dignidad humana. Al dirigirse especialmente al pueblo español, Martí intenta provocar una reflexión ética, invitando a reconocer la incompatibilidad entre la opresión colonial y los valores universales de humanidad y libertad.

Más allá de su valor testimonial, El presidio político en Cuba posee una dimensión política y moral de gran alcance. El texto denuncia no solo un sistema penitenciario cruel, sino un orden colonial que se sostiene sobre la negación de los derechos humanos. La experiencia del presidio no quebró a Martí; por el contrario, fortaleció su convicción de que la libertad debía fundarse en la justicia y el sacrificio consciente.

La deportación a España, lejos de silenciar a José Martí, consolidó su voz como intelectual, pensador y revolucionario. Este ensayo es la prueba de cómo el dolor personal puede transformarse en conciencia colectiva y en palabra liberadora. En estas páginas se perfila ya el Martí que dedicaría su vida a la independencia de Cuba, entendiendo la lucha política no como un acto de odio, sino como un deber moral frente a la dignidad humana.


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Arnaldo Alfredo Delgado Fernández

Universidad de Oriente


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