Una mochila al hombro, ropa de campo bien resistente, gorra, agua, mapa en mano y la mirada puesta en una exuberante naturaleza que nos espera. Así iniciamos los geógrafos una travesía de práctica de campo. Alumnos y profesores nos empeñamos en develar los secretos de nuestro entorno, de explicar cada uno de los componentes que encontramos y sus relaciones. Es enseñar a los muchachos a poner la ciencia al servicio del desarrollo social ¿Qué es? ¿Cómo surgió? ¿Por qué está allí? ¿Qué sucederá en su evolución? Son una parte de las preguntas que nos hacemos y las respuestas están frente a nuestros ojos.

La Práctica de Campo es una disciplina integradora donde cada uno de los años de estudio de la carrera Licenciatura en Geografía cuenta con un período de tiempo asignado a ella. Es la oportunidad casi única en que los estudiantes validan la teoría recibida en el aula. Es el momento donde se evidencia la génesis de un proceso, las relaciones causa - efecto, la dinámica de la naturaleza, el funcionamiento de una comunidad o sector de la economía. También es el momento donde los muchachos experimentan y perfeccionan por sí mismos las habilidades de la investigación científica. Es por ello que resulta un momento imprescindible en la formación de los nuevos profesionales de las ciencias geográficas.

No podía tener más razón nuestro Martí cuando decía que el conocimiento de la naturaleza debería aprenderse allí, en la propia naturaleza. Es muy difícil que se pueda hablar de protección del medio ambiente si no se ha estado en un área protegida. Resulta complejo explicar un proceso erosivo si no se ha visto una cárcava, o de inundación si no se ha visto hasta dónde crece un río, o de amenazas al geosistema si no se ha estudiado en el lugar una fuente contaminante. Así podría seguir listando todo lo que un estudiante de geografía puede aprender a hacer con solamente estar en el escenario real, allí donde salta la cascada, donde rompe la ola, donde la oscuridad y el agua crean un mundo subterráneo fascinante.

Creo que casi puedo asegurar que para nuestra carrera, la segunda fecha más deseada por un estudiante, después del día de la discusión de su tesis, es la semana de práctica de campo. Hoy, ante una extremadamente seria crisis económica, los planes de estudios de todas las carreras universitarias han sido notablemente afectadas, Geografía una de ellas. Por lo que ha sido un duro golpe saber que este año no tendremos ese momento tan anhelado. Me decía el profe Bayón "no sabes Adrián como extraño Boca de Jaruco". También llevo esa profunda tristeza geográfica. No solo extraño nuestro principal polígono de práctica de campo, sino cualquier trocito de naturaleza que me sirva para enseñarle a mis muchachos los secretos que guarda nuestro terruño. Tengo una roca enorme en Soroa que uso como mi aula a cielo abierto y hago bromas con eso que ayuda a que mis alumnos comprendan mejor la geología del lugar.

Pero no renunciamos a nuestra esencia de geógrafos, de exploradores natos de cualquier escondrijo. Quizás la pausa nos prepare mejor para retomar el rumbo, llegar a nuevos lugares, obtener nuevos y valiosos conocimientos. Contribuir junto al resto de los profesores a la formación de los próximos geógrafos que el país necesita para forjar su desarrollo científico. Mientras, la naturaleza aguarda por nuestros pasos. La Práctica de Campo tiene necesariamente que existir sí o sí, pues ante todas las situaciones adversas, somos geógrafos de corazón.

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