domingo, 5 de febrero de 2023

De Mozart al mambo, de La Habana a Berlín

Sobre la exitosa presentación de la orquesta en la Filarmónica de Berlín y la acogida por parte del público y la crítica alemana, se conversó con el director musical de coro y orquesta José Antonio Méndez Padrón...

en Cubasí 06/11/2022
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De Mozart a La Habana
Sarah Willis junto a la Orquesta Lyceum de La Habana y su director José Méndez Padrón

Por: Rosa Elena Encinas Hurtado 

Desbordados de ritmo y alegría, el público presente en la Filarmónica de Berlín el pasado 29 de octubre, disfrutó del proyecto “Mozart y Mambo”, de la destacada maestra estadounidense del corno Sarah Willis y la Orquesta Lyceum de La Habana, dirigida por el maestro José Antonio Méndez Padrón.

La jornada de presentaciones de la cultura cubana en Alemania cerró con la presentación del proyecto conjunto en una sala abarrotada por más de mil personas que gustaron del excelente desempeño de los músicos cubanos capaces de combinar, con deslumbrante versatilidad, las notas clásicas de Mozart y los ritmos cubanos, desde el mambo hasta el chachachá.

Sobre la exitosa presentación de la orquesta en la emblemática institución berlinesa y la acogida por parte del público y la crítica alemana, La Jiribilla conversó con el director musical de coro y orquesta José Antonio Méndez Padrón.

¿Cómo surge “Mozart y Mambo”? ¿Cómo se unen la destacada maestra del corno Sarah Willis y la Orquesta Lyceum de La Habana, dirigida por usted?

En el 2017 recibimos la agradable noticia que la reconocida profesora de corno Sarah Willis quería venir a La Habana. Realmente fue todo casual porque tenemos un amigo en común, su interés principal —que me lo confesó luego de conocernos— era ir a la playa y bailar salsa, nunca pensó en venir a enseñar, porque no imaginaba que en Cuba existiera un movimiento tan fuerte de música clásica.

Entonces acordamos que yo le serviría de guía turístico por unos días y ella daría una clase magistral de corno. Ella aceptó, creía que en Cuba habría uno o dos alumnos que tocaran el instrumento, y de forma muy rudimentaria. Cuando llegó a la primera clase se sorprendió al ver más de 50 cornistas para escucharla. Se pasó los dos días planificados para ir a la playa impartiendo clases. Desde ese momento se quedó encantadísima con los músicos cubanos, no imaginaba el nivel musical tan alto que tienen nuestros alumnos.

Los que se gradúan en nuestra enseñanza de música clásica inician a los siete años y concluyen a los 23, son varios años estudiando un instrumento, varios años de formación intensa y rigor. En el mundo no se conoce tanto sobre la calidad de la música clásica que se hace en Cuba, se conoce más la música popular, el jazz y otros géneros.

Sarah Willis se quedó tan impactada que el último día de su viaje me dijo que regresaría para hacer algo junto a la Orquesta del Lyceum de La Habana. Yo realmente no imaginé que cumpliría con su palabra, pues es una persona muy ocupada. Ella es miembro de la Filarmónica de Berlín, lo que le demanda muchísimo tiempo, como promedio tiene tres y cuatro conciertos en una semana. Además tiene dos programas de televisión.

Al poco tiempo de nuestro encuentro, me envió un correo con la propuesta de mezclar música cubana con Mozart. Me dijo que tenía la posibilidad de grabar los cuatro conciertos para corno de Mozart. Empezamos a elaborar la idea. A ella siempre le ha gustado el mambo, dentro de su conjunto de corno tocan dos arreglos de mambo de Pérez Prado. Así surge “Mozart y Mambo”. Lo proyectamos para 2019, tendríamos dos años para organizarlo todo.

Combinar música clásica con música popular es complicado, la línea que separa lo bien hecho del mal gusto es muy delgada, y se cruza sin darse cuenta en muchas ocasiones. Por eso decidimos buscar a dos arreglistas, un arreglista australiano de la Filarmónica de Berlín y un músico cubano, Yoinel Lombida Hernández. Estas dos mentes con sus maneras de pensar diferente serían perfectas para nuestra idea de mezclar Mozart con mambo.

Durante los dos años, Sarah Willis vino varias veces a La Habana para ensayar cada una de las obras de Mozart y probar la música cubana. Grabamos el primer disco, para nuestra suerte, con el equipo de grabación de la Filarmónica de Berlín.

Esta fue una inyección de energía para la Orquesta Lyceum de La Habana. “Mozart y Mambo” para nosotros ha sido un punto de crecimiento en todos los sentidos. Cuando salió el primer álbum, que coincidió con la etapa de la pandemia, y el video clip, que tuvo más de nueve millones de vistas, pensamos en lo positivo que fue el proyecto en esa primera etapa.

La Filarmónica de Berlín es una emblemática institución de música clásica. ¿Qué méritos supone para el trabajo de la Orquesta Lyceum de La Habana representar a Cuba en dicho escenario? ¿Cómo fue la acogida del proyecto “Mozart y Mambo” por el público y la crítica alemana?

El año pasado habíamos tocado en salas muy importantes en Alemania, pero el templo de la música clásica sigue siendo la Filarmónica de Berlín, por donde han pasado los mejores directores y músicos del mundo. Nosotros, estando allí, ni nos creíamos aquella oportunidad. Que nos hayan propuesto tocar en ese escenario fue un honor inmenso que acogimos con mucha alegría y a la vez con mucho temor. El público que asiste a la Filarmónica es un público entrenado y exigente desde el punto de vista musical. Al concierto asistieron casi mil ciento diez personas. Según los organizadores del evento, esa sala nunca se llena tanto. Cuatro semanas antes ya estaban vendidos todos los asientos y se quedaron casi trescientas personas sin poder entrar el día del concierto, eso fue algo que nos impactó tremendamente.

Para mí lo más emocionante fueron los comentarios del público al final del concierto, lo que más celebraban era nuestra capacidad de tocar tan bien la música clásica. Hicimos una conga, imagínate mil cien personas tomadas de las manos bailando. Ese público no está acostumbrado a tener contacto físico y logramos hacer una línea inmensa guiada por la percusión y la trompeta. Que nos dijeran que el sonido, la articulación y dinámica de la orquesta está al nivel europeo, para nosotros fue un triunfo impensable.  

¿Cómo la Orquesta Lyceum de La Habana logra ser un espacio de creación y superación para jóvenes músicos?

La Orquesta del Lyceum de La Habana tiene como principal objetivo que los estudiantes del Instituto Superior de Arte y de los niveles medios aprendan un poco cómo tocar dentro de una orquesta. Es cierto que nos enseñan muy bien en la Academia cómo tocar solo el instrumento, pero tocar dentro de un grupo de cámara de una agrupación es diferente, se toca de otra manera el instrumento. Y este proyecto ofrece la superación y promoción de nuestros jóvenes músicos.

La dirección musical de la Orquesta durante más de 15 años debe suponer retos y desafíos. ¿Cómo ha sido la dinámica de trabajo con los músicos de la Orquesta? ¿Resulta diferente cuando dirige alguna otra?

Estudié en varias escuelas en el extranjero, en importantes centros como la Fundación Mozarteum, de Salzburgo, en Austria; la Carnegie Mellon School of Music, y la Jacobs School of Music, ambas en Estados Unidos. Todos mis profesores me decían que tenía que hacer una carrera como director, que debía ir por el mundo dirigiendo orquestas. Para ser sincero, nunca me interesó esa propuesta, pues la vida de un director es bastante impersonal y un poco solitaria, vas de orquesta en orquesta, trabajas tres o cuatro días, por lo que como director no puedes moldear casi nada de la orquesta en tan poco tiempo. Dirigir tu propia orquesta y probar tus interpretaciones e ideas musicales tiene mayor placer para mí. Y es lo que he logrado hacer con la Orquesta del Lyceum de La Habana, que ha sido una escuela para mí.

Que los músicos, más allá de compañeros de atril y de trabajo, seamos compañeros de la vida tiene su expresión y se siente en la manera de interpretar y tocar. Esa empatía que logra captar el oyente es resultado de un trabajo coordinado, día tras día, con respeto, rigor y armonía. Un director musical lo primero que debe saber es que sus instrumentos son personas, seres humanos que todos los días reaccionan diferente. Debe saber cómo tratar a un músico, hasta dónde puede exigirle sin que se frustre cuando no logra su meta.

Soy fundador de la orquesta junto a Ulises Hernández y le debemos a muchísimas personas e instituciones de nuestro país y en el extranjero que nos han apoyado durante más de quince años. 

A lo largo de este tiempo han pasado varios músicos por la orquesta, muchos ya no están en Cuba y, cuando se van cinco o seis a pasar becas o trabajar en otras partes del mundo, como director he pensado que no lograremos el mismo nivel que teníamos. Pero hay algo que no podemos medir, es una esencia, una energía que los nuevos músicos captan enseguida y el nivel vuelve a ser el mismo. De hecho, el trabajo sostenido, la empatía lograda durante más de una década hace que la calidad musical de la orquesta aumente. Todavía no hemos llegado al punto de decir ya no se le puede sacar partido a la orquesta, y eso es lo que me mantiene con ganas de seguir trabajando y dirigir poco en otras orquestas en el mundo. Para mí, profesionalmente, dirigir otras orquestas no es tan satisfactorio como dirigir la Orquesta Lyceum de La Habana.

¿Cómo dirigir orquestas compuestas por músicos de diferentes culturas y lenguas? ¿Acaso es un lenguaje universal?

En tres días voy a dirigir la Filarmónica de Bogotá, compuesta en un 60 o 70 por ciento por músicos ucranianos, búlgaros y armenios, emigrados de las ex repúblicas soviéticas. Cuando te paras en el podio y comienzas a gestualizar con tus manos y tu cuerpo, a guiar la música, todos se conectan y se olvidan de las religiones a las que pertenecen y a qué culturas, todos se guían por el lenguaje universal de la música. Son las mismas notas, la misma manera de hacer distintos tipos de música. Si logras captar la atención del músico, este te seguirá y aceptará tu propuesta aunque no hablen el mismo idioma, aunque no estén de acuerdo con tus ideas musicales.

¿Qué oportunidades le ha ofrecido ser el director musical del Festival Mozart de La Habana?

Ser el director musical de un festival conlleva mucha responsabilidad, pero a la vez es una posibilidad infinita porque entre tanto te permite, con todos los invitados que recibimos en el festival, combinar en conciertos a músicos cubanos y extranjeros. He tenido la suerte tremenda de compartir escena con importantes solistas que tocan en las mejores orquestas del mundo. Ha sido una posibilidad impensable, suelo proponerme metas que para mí son alcanzables y, cuando ocurren grandes oportunidades que uno no se espera, siento el doble de satisfacción. Tener la posibilidad de aunar tantos músicos en un solo festival bajo una misma línea musical, para mí es un alto premio.

¿Cómo ha influido en su concepción musical formar parte del Gabinete del Patrimonio Musical Esteban Salas, entidad especializada en el estudio, difusión y promoción de fuentes documentales relativas al hecho musical?

Esa es otra de las satisfacciones profesionales que hemos tenido y que no esperábamos. Uno siempre se imagina cómo habrá sido la primera interpretación de la sinfonía de Beethoven que hemos escuchado tantas veces, quien la habrá tocado por primera vez, cómo se habrán sentido esos músicos al hacerlo. Gracias al Gabinete hemos tenido la suerte de poder sonar, hacer audibles partituras que nunca se habían tocado en los últimos 200 años, y tener el honor de hacer la primera grabación mundial de las mismas es algo increíble. Siempre estaré agradecido a la doctora Miriam Escudero por pensar en nosotros y en mí como productor musical de los últimos cuatro discos que se han hecho. Es un privilegio para cualquier músico hacer la primera versión grabada de una música, y si es nuestra, cubana, mucho más.  

En su universo creativo, ¿cuáles retos le cautivan más? ¿Y cómo piensa proyectarlos a futuro?

Provengo del mundo coral, mi papá es el director del Coro de Matanzas, José Antonio Méndez, y crecí escuchando y cantando en ese coro. Estudié dirección coral, y ese mundo siempre me ha apasionado muchísimo. Todo lo que he aprendido lo he proyectado en la Orquesta porque el primer instrumento real que existió fue la voz; todos los instrumentos que se han ido creando tienen como objetivo tratar de imitar la voz humana.

Mis retos como director siempre son hacer obras sinfónico-corales que demandan mucho esfuerzo, porque si bien es difícil trabajar con 50 o 60 personas en una orquesta, sumarle cien personas de un coro es muy agotador. Siempre digo que será la última vez que lo haré; pero nunca lo logro. El próximo 27 de noviembre, en la clausura del Festival Mozart de La Habana, haremos El Magnificat de Bach y el Oratorio de Navidad del funeral masónico de Mozart con un coro de 90 voces, una orquesta de 60 músicos, seis solistas y varios bailarines. Como director y músico esto es a lo máximo a lo que uno puede aspirar profesionalmente, y siempre resulta un gran reto que disfruto.

El 16 de noviembre haremos un concierto donde estrenaremos música de Hubert de Blanck, compositor holandés del siglo XIX, quien fundó en Cuba todos los conservatorios de música que hoy tenemos. El 20 de noviembre haremos un mismo concierto, la clausura del Festival Habana Clásica y la inauguración del Festival Ópera Habana. El día 22 vamos a tener el tremendo privilegio de hacer un concierto con Rolando Villazón, uno de los tenores líricos más famosos del mundo. El 24 vamos a presentar parte del segundo álbum de Cuban Dances con Sarah Willis, el estreno se hará en La Habana porque la primera audición pública fue en Alemania.

¿Qué lugar ocupa la ciudad de Matanzas para ti?

Para mí Matanzas es todo, cuando necesito cargar las pilas sé que la ciudad, mi familia, siempre van a estar ahí para mí. Tengo el privilegio de ser el director musical de la Orquesta de Matanzas, aunque lamentablemente no puedo hacer tantos conciertos como quisiera. Siempre da placer estar en tu ciudad, en el lugar donde creciste, donde te formaste. Las personas te ven más cercano porque te vieron crecer.


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