martes, 29 de noviembre de 2022

La trova es esa novia inmensa

Nuestras canciones patrias fueron siempre y de manera primigenia, piezas de la trova…

Mauricio Escuela Orozco en Exclusivo 17/11/2022
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Silvio Rodríguez-trovador-creador

El movimiento de la nueva trova cubana ha tenido momentos de brillantez y de aportes a la cultura nacional. Heredero de lo que fueron los cantantes populares de siglos anteriores, este suceso cultural ha sabido mantenerse a lo largo de décadas en un país en el cual existe una política de preservación musical dictaminada desde el más alto nivel. Pero más que eso, la trova es un fenómeno que depende de la concurrencia de los públicos y de que se mantenga una tradición renovada y acorde con las exigencias estéticas de cada tiempo. La trova posee hoy festivales en provincias de Cuba en los cuales se homenajean a maestros como Corona en el caso del Longina, lo cual ha servido para que estos espacios reactualicen y conecten su discurso, siendo la canción un vehículo no solo para las emociones y las historias cotidianas, sino una crónica de un país. Por ello la trova enaltece, da luz y muestra los entresijos de Cuba. Es patrimonio cultural de todos, incluso de quienes no la consumen, pero la respetan y la colocan en un sitial de honor junto a otros géneros y fenómenos.

En Caibarién fui varias veces testigo de los homenajes a Corona y su inmortal Longina, estuve en las peregrinaciones y las presentaciones en la sede de la UNEAC local. Puedo decir que la trova no solo es un suceso de ciudades, sino que está presente en los pequeños pueblos, es propia de la gente común, la cual busca y gusta de esas crónicas que narran y descubren, enseñan e iluminan. La vida con música siempre fue algo más que una simple sucesión de hechos, ya que el sentido es lo importante, el significado que conecta una cosa con otra y que no permite que vivamos inconexos. La nueva trova además posee figuras dispares en sus discursos, pero todas aportativas. No es lo mismo un Silvio que un Carlos Varela, sin embargo, en ambos subyacen los conceptos de esta historia nuestra. Así pasa con los demás artistas. No importa dónde hayan ido a dar con el decurso y los vericuetos.

El movimiento de la nueva trova más que un movimiento es la voz de Cuba. Si alguna vez tenemos que enviar una cápsula al espacio exterior con elementos de nuestra Isla, podemos usar las canciones de estos artistas. Ahí iría Yolanda de Pablito, Ángel para un final de Silvio o Como los peces de Varela. La nación se ha visto incluso defendida en su soberanía desde estos pentagramas, si bien críticamente, de una forma inconforme y rebelde, diáfana y a veces polémica. Porque lo bueno que posee la trova es que no se pliega, no hace concesiones, sino que sufre por su irreverencia y fuego, por su naturaleza de arte genuino que no cede jamás. La trova es como una novia a la se le pretende y se le rinde amor una vez conquistada. Así pervive entre nosotros.

Cuba requiere de este movimiento, así nos hemos expresado. Nuestras canciones patrias fueron siempre y de manera primigenia, piezas de la trova. La vida en los barrios más humildes fue siempre una regida por la filosofía de los cantantes populares y los juglares que hacían su gesta de bar en bar y que a veces llegaban a los grandes escenarios y trascendían. Más de una ocasión luego de tocar la fama y la riqueza, algunos de estos artistas volvían a la miseria y morían olvidados. Era esa bohemia, ese sabor cubanísimo lo que hizo que la trova creciera con luz propia, que llegara hasta este tiempo y nos legara un pasado de aportaciones. No obstante, la política cultural del presente debe expresar maneras de hacer y de proteger más allá de los simples espacios o las grabaciones. Se debe enseñar la sensibilidad más elemental en las escuelas, de manera que los niños sepan que es este un país de pentagramas y de maestros. Porque hay elementos que se han ido perdiendo.

En Remedios, donde he residido casi toda mi vida, había un festival de trova llamado René Márquez In Memoriam, en honor al padre de Beatriz Márquez, la Musicalísima. Un artista que fue un juglar de los alrededores de la villa y que compuso canciones patrimoniales en las cuales hablaba de las leyendas locales y de los protagonistas de la historia de la ciudad. Sin embargo, las políticas culturales elidieron el suceso y hace décadas que no se realiza. De entrada, el Teatro Villena de la ciudad, que era su entorno, ya no existe, debido a los embates de un ciclón y a la dejadez de los locales en la preservación del inmueble. El único evento de trova de Remedios deja de hacerse sin que se pongan en su lugar otras alternativas y la juventud termina consumiendo a Bad Bunny o música chatarra. Así se pierde la soberanía cultural tan necesaria en estos tiempos de asedio. Si no defendemos lo que somos, dejaremos de ser. El proceso de aculturación es una manera que tienen los centros de poder de borrar a quienes no formamos parte de la hegemonía y que constituimos un bolsón de resistencia.

La trova es un arma y por ello existe la canción patriótica. De ahí que Silvio sea una figura que trasciende al hombre y que nos llega desde lo más hondo de la historia más reciente. No se trata solo de canciones sino del entendimiento de lo que somos y lo que queremos ser. La trova es una filosofía de vida y una idea de nación, la de la ínsula que posee la fuerza moral de la música y la ejerce en el universo. Perder esas batallas no solo nos borrará, sino que marcará hacia el futuro una sombra imperecedera.

Tenemos que salvar y poner en alto a la trova, darle los espacios perdidos. La cultura nos va en ello. Que es lo mismo que decir la vida. No hay exageración en decirlo y basta con evaluar cómo los fenómenos de guerra cultural tienen hoy su expresión más fuerte en manifestaciones musicales. Contra esos estereotipos hay que ir, para frenar la desidia, la indiferencia y el coloniaje. Porque todo comienza y termina en el espacio íntimo de un escenario.

La trova es esa novia inmensa que aparece en los mejores momentos de la patria. La amamos y la defendemos, la tenemos en el pecho y la cantamos. Somos sus eternos hijos. Se hace lo posible para merecer el privilegio de que esté aquí y ahora entre nosotros.

Nada será suficiente en este camino de adoración y gozo. Un privilegio que nos liberta y da luz, que nos otorga la belleza y el honor del pentagrama.


Mauricio Escuela Orozco

Periodista de profesión, escritor por instinto, defensor de la cultura por vocación


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