Al finalizar la Segunda Guerra Mundial el entonces presidente norteamericano Harry S. Truman tuvo que tomar una decisión que cambiaría las características del imperio norteamericano hasta el día de hoy.
Truman, quien ya había pasado por un trascendental momento al tener que decidir el lanzamiento primero y único hasta hoy, de armamento nuclear sobre un territorio habitado por humanos, decidiría también que dada la nueva prevalencia internacional de los Estados Unidos, la seguridad global en cada esquina y rincón del planeta sería responsabilidad de Washington.
Para ello el reforzado estado imperialista norteamericano se valió de tres mecanismos esenciales: las Fuerzas Armadas más poderosas de la Tierra, la diplomacia más presente y agresiva y el mecanismo de "ayuda" más extendido de todos.
A través de esos tres baluartes, acompañados en todo momento, claro está, por el mecanismo propagandístico más grande jamás creado, las transnacionales estadounidenses de la información, Washington proyectó su poderío a nivel global convenciendo e intimidando a aliados y enemigos, casi por igual, e imponiendo sus condiciones.
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El caótico regreso de Donald Trump y su equipo de mega-millonarios a la Casa Blanca este 20 de enero, supone una etapa nueva en la aplicación y formulación de la política de Estados Unidos hacia el resto del mundo.
No es una política nueva, sino vieja, demasiado vieja como para ser viable en las actuales circunstancias, pero si bien Trump ha comenzado extendiendo su lista de deseos, queriendo Groenlandia, Canadá, el Canal de Panamá, y por último y probablemente el más aberrante de todos, La Franja de Gaza, que claramente pasa por "evacuar" a más de 2 millones de palestinos y construir ahí una Ribera turística, los cambios a lo interno de la Unión Americana no dejan de sorprender.
Trump ha prometido venganza contra todos aquellos que le molestaron en sus cuatro años de receso, lleno de procesos judiciales y acusaciones de todo tipo.
Ha dicho que cargará contra la burocracia del "estado profundo", es decir, dependencias como la Agencia Central de Inteligencia, el Buró Federal de investigaciones, el Pentágono y más allá.
El millonario escogido para esta tarea es el más hábilidoso de todos, Elon Musk, quién para ir calentando motores ha comenzado por desactivar casi totalmente las engrasadas estructuras de cambio de régimen que Estados Unidos creó en muchos años y que han sido responsables de la mayoría de los golpes de estado y revoluciones de color a nivel mundial.
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La Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional y la Fundación Nacional para la Democracia, conocidas por sus siglas en inglés como USAid y NED respectivamente, han sido los brazos del "poder blando" de Estados Unidos en el mundo entero.
¿Pero por qué le molestan tanto a Trump estas estructuras?
No se puede ignorar que a lo largo de su vida como empresario y desde 2015, como político, uno de los métodos reconocidos de Donald Trump ha sido la invariable decisión de cobrarle a sus enemigos cuánta ofensa cometida contra él, algo así como cumplir al pie de la letra con el viejo proverbio babilonio de "ojo por ojo y diente por diente".
Más allá de identificar detrás de las estructuras del "poder blando" en Estados Unidos a los demócratas, Trump ha identificado la figura de George Soros y su fundación Open Society, que figuran entre sus mas grandes enemigos, y ciertamente, han sido protagonistas en muchas de las acciones más agresivas contra países y gobiernos fuera de Estados Unidos.
Donald Trump, en este caso representado por Musk, ha entrado en las redes del "poder blando" de Estados Unidos, buscando reducir fondos mal usados y automáticamente ha comenzado a develar secretos, hasta ayer, muy bien guardados, de donde se gastaban los dineros del contribuyente norteamericano.
En su primer día de gobierno sorprendió a todos cuando congeló los fondos millonarios que los mantienen y despidió a un número importante de los principales funcionarios que dirigían esos procesos.
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Sin parar se propone ahora reducir la fuerza de trabajo subordinada a esas agencias federales de 8000 trabajadores a solo 300 y ha nombrado al "flamante" Secretario de Estado Marco Rubio como el director interino de esas instituciones.
Con esa fusión inesperada con el Departamento de Estado, Trump pretende ajustar estrictamente las ocupaciones de la USAid y la NED a las prioridades de la política exterior de Estados Unidos, es decir: "América (EE.UU) primero"
Con la congelación de los fondos ya comienzan a escucharse los alaridos de numerosas organizaciones que vivían de ese dinero, incluyendo algunas que aún ejecutan la política de desinformación y manipulación de la realidad cubana.
Claro que con la presencia de Rubio al frente de ese proceso no se puede esperar menos que, después de toda la reestructuración, aquellos engendros que ensayan a diario la política de cambio de régimen hacia Cuba, termine por llegarles mucho más efectivo que el que les llegaba antes.
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Solo en la arremetida de Estados Unidos contra Rusia a través de su conflicto con Ucrania, se estima que un 80% de los medios que cubren de manera manipulada el conflicto estaban financiados por la USAid.
Al tiempo que los esfuerzos por condenar a Rusia internacionalmente por supuestos crímenes de guerra en ese conflicto, igualmente gozaban de los aportes del contribuyente norteamericano.
Otro tanto ocurre en el caso de Venezuela, el gobierno bolivariano ya se ha adelantado a denunciar que unos 32,000 millones de dólares fueron sustraídos por la oposición de derecha en diversas intentonas golpistas de los últimos años, que incluyó el nombramiento y manutención de Juan Guaidó y su camarilla.
Claro que sería un poco difícil de comprender en esta circunstancias el doble papel atribuido a Rubio, pues en aquel momento fue el principal promotor de la figura de Guaidó y de los golpes orientados a destruir a la República Bolivariana de Venezuela y hoy, sin embargo, le toca defenestrar, "en un arranque de honestidad", al organismo que ejecutara aquellas acciones.
Musk, ha sido lo suficientemente tajante como para describir a las estructuras del poder blando de Estados Unidos como "organizaciones criminales", en eso coincidimos, y era algo que sabíamos todos, "menos ellos".
Desde el inicio de esa tarea, la nueva administración no ha parado de fustigarlos. Ha dicho que una brutal burocracia era la que manejaba aquellos millonarios fondos como "marinos borrachos" y que una enraizada corrupción vivía expoliando al contribuyente norteamericano, sin posibilidades de ser controlada.
Ciertamente, El proceder del nuevo gobierno estadounidense no deja de sorprender. La carga contra las organizaciones del "poder blando" parece ser solo la primera de muchas que la administración Trump ejecutará en su 100 primeros días de gobierno.
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Cuánto realmente llegará a desmontar Trump de la estructura tradicional de poder en Estados Unidos, de su llamado "estado profundo" y cuánto esas mismas estructuras le permitirán avanzar sin detenerlo a cualquier costo, es un acertijo que se dilucidará en las próximas semanas. Por el momento los tradicionalmente atacados por el imperio no podemos crear expectativas de tranquilidad.
En las agresivas movidas del actual administración contra algunas de sus principales estructuras de dominación no se debe interpretar el rechazo de Trump y sus acólitos a prácticas como el golpe de estado y las revoluciones de color, para nada.
Los dineros que hasta el momento nos han dedicado para tratar de cambiar a toda costa nuestra manera de pensar y de actuar, serán cuando menos mayores y la agresividad lejos de reducirse, se incrementará.
¿Para qué le hace falta a un gobierno tan agresivo, una estructura de "poder blando", si puede hacerlo todo por medio de la fuerza?
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