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jueves, 15 de octubre de 2026

Brasil rumbo al balotaje

El 25 de octubre definirá si el gigante sudamericano continúa con el proyecto progresista de Lula o gira hacia la ultraderecha de la mano del heredero del bolsonarismo...

Redacción Cubahora en Exclusivo 15/10/2026
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Bandera de Brasil
Bandera de Brasil

La segunda vuelta presidencial brasileña del próximo 25 de octubre no es una contienda cualquiera. La elección, a definirse entre el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro trasciende las fronteras del país más grande de América Latina y reconfigura  el tablero geopolítico de toda la región.

Para Lula, de 80 años, se trata posiblemente de su último mandato. El fundador del Partido de los Trabajadores busca un cuarto período no consecutivo tras haber gobernado entre 2003 y 2011 y regresar al poder en 2023 después de 19 meses de prisión por casos de corrupción que luego fueron anulados . Su victoria significaría la continuidad de las políticas sociales, el fortalecimiento del Estado y la defensa de la democracia.

Para Flávio Bolsonaro, de 45 años, la elección representa la oportunidad de dar continuidad al proyecto político de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, condenado a más de 27 años de prisión por liderar una trama golpista para revertir los comicios de 2022 . El senador promete amnistía para su padre y para los condenados por el asalto del 8 de enero, además de una agenda económica liberal, reducción de impuestos y mano dura contra la criminalidad.

La elección brasileña ocurre en un momento de giro hacia la derecha en América Latina. En los últimos dos años, candidatos de derecha o ultraderecha han ganado elecciones en Argentina, Colombia y Perú . Una victoria de Flávio Bolsonaro consolidaría esa tendencia y le daría a Washington un aliado  clave en su estrategia por contener la influencia de China en el hemisferio.

El propio Donald Trump respaldó públicamente a Flávio durante la campaña y mantiene una relación tensa con el gobierno de Lula, al que ha impuesto aranceles punitivos que, según analistas, tienen motivaciones políticas más que comerciales.

Las encuestas anticipaban una ventaja de Lula, pero el resultado del 4 de octubre fue un golpe a estas esperanzas. Flávio Bolsonaro ganó la primera vuelta con el 47,03% de los votos válidos, frente al 45,16% de Lula . La diferencia, de casi dos puntos porcentuales, es la más estrecha registrada en Brasil desde el retorno a la democracia en 1989.

El dato más preocupante para Lula no es solo la derrota parcial, sino dónde perdió. Flávio se impuso en São Paulo y Minas Gerais, los dos estados más poblados y con mayor peso electoral del país. Minas Gerais, en particular, tiene un valor simbólico: ha votado por el ganador en todas las elecciones presidenciales desde 1989.

La abstención alcanzó el 21,08%, la más alta desde 1998, con unos 33,4 millones de electores que no acudieron a las urnas . Ese es el verdadero campo de batalla para el 25 de octubre: movilizar a los ausentes o convencer a los indecisos.

En este contexto llega el primer cara a cara entre ambos candidatos, previsto para el 18 de octubre en la cadena Bandeirantes  Flávio había anunciado inicialmente que no asistiría, pero cambió de opinión después de que Lula confirmara su presencia.

El senador busca confrontar al presidente y cuestionar sus declaraciones, mientras Lula pretende exponer las diferencias entre ambos proyectos de gobierno. La cadena ha advertido que mantendrá el debate incluso si uno de los candidatos no comparece, dejando vacío el atril del ausente.

En paralelo al debate, Flávio Bolsonaro anunció su respaldo a la enmienda constitucional que reduce la jornada laboral semanal, conocida como el fin del régimen 6×1. La propuesta, impulsada por Lula, establece un límite de 40 horas semanales y garantiza dos días de descanso continuo sin merma salarial.

La Cámara de Diputados ya avaló la iniciativa en mayo con 472 votos a favor y solo 22 en contra. El Senado votará este miércoles, en plena recta final de la campaña. Flávio, que inicialmente defendía la libre negociación entre empleadores y trabajadores, justificó su cambio de postura tras recorrer el país.

Con el 92% del electorado ya decidido y una diferencia de apenas tres puntos en las encuestas, el balotaje brasileño se resolverá en los márgenes. Lula necesita movilizar a los 33 millones de abstencionistas, especialmente en el nordeste, su bastión histórico.

El ganador gobernará Brasil desde el 1 de enero de 2027 hasta el 31 de diciembre de 2030 . Pero más allá del calendario, lo que se juega el 25 de octubre es el modelo de país —y de región— que emergerá de la mayor democracia de América Latina.


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