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viernes, 16 de enero de 2026

Redes, ética y formación en “La Moneda Cubana”

Ya están abiertas las matrículas para los primeros cursos que se impartirán en el mes venidero mes de febrero para adolescentes y jóvenes...

Maya Ivonne Quiroga Paneque en Exclusivo 15/01/2026
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Redes, ética y formación en “La Moneda Cubana”
Foto tomada del perfil de Facebook La Moneda Cubana (oficial)

La Moneda Cubana, con sede en la calle San Ignacio #4 entre Chacón y Tejadillo, en La Habana Vieja, es un novedoso Proyecto de Desarrollo Local (PDL) que desde hace varios años contribuye a la formación de capacidades en adolescentes y jóvenes en torno a la gastronomía integral, a través de un modelo educativo que combina enseñanza técnica, cultura emprendedora y responsabilidad social.

El proyecto se ha consolidado como un espacio de inclusión y oportunidades para quienes buscan una alternativa de formación práctica y significativa. Su curso estrella está diseñado para los amantes de la gastronomía que quieran emprender su camino profesional. En él los talleristas podrán adquirir conocimientos y habilidades relacionados con la cocina, cantina y salón.

Con una duración de entre 13 y 15 meses, incluye prácticas de servicios.  Al culminar cada nivel los matriculados obtienen un Certificado Nacional y un Título Internacional acreditado por la Universidad Católica de Murcia (UCAM).

El programa se organiza en dos etapas principales. En el primer año, los estudiantes reciben una formación culinaria general, que abarca nociones de cocina, panadería, repostería, cantina y servicios de salón.

En el segundo año, cada participante elige una especialidad según sus intereses, de modo que el aprendizaje se conecta directamente con sus aspiraciones personales y con las necesidades del mercado laboral.

Pero más allá de los oficios, lo que distingue al proyecto es su enfoque ético y comunicativo: “No basta con aprender a cocinar o atender una mesa; los jóvenes deben aprender también a comunicar, a comportarse de manera responsable en el entorno digital y a entender el alcance de su voz en las redes”, señaló el Dr. C. Lázaro Lanier López Llerena.

 

Al respecto reflexionó sobre los hábitos comunicativos en la era digital con una muestra concreta de cómo la formación técnica y ética puede convertirse en motor de desarrollo comunitario.

 

Aprender a comunicar en la era digital

 

En un panorama donde el consumo de contenidos en redes sociales crece vertiginosamente, el desafío —según explicó López Llerena — no se trata de aislar a los adolescentes del entorno digital, sino de acompañarlos en el proceso de comprenderlo y dominarlo de manera crítica.

 

Por eso, dijo, La Moneda Cubana incorpora dentro de su plan de estudios asignaturas complementarias que van más allá de la gastronomía: inglés, fundamentos jurídicos, cultura positiva y, especialmente, comunicación social aplicada al contexto digital.

 

El docente subrayó la importancia de sustentar estas prácticas en las disposiciones de la nueva Ley de Comunicación Social, particularmente su artículo 52, que establece principios éticos para la generación de contenidos en medios y plataformas digitales.

 

Los adolescentes del proyecto no solo aprenden a cocinar o emprender; también se forman en los derechos y deberes que rigen su presencia en línea, en cómo producir mensajes respetuosos, veraces y útiles para su comunidad. “Las redes no son buenas ni malas —señaló el profesor—; su impacto depende del uso y del control que se ejerza sobre ellas”.

 

El programa contempla una metodología participativa: son los propios adolescentes quienes crean, difunden y evalúan los materiales comunicativos del proyecto. Esta dinámica fomenta el pensamiento crítico y el sentido de pertenencia, pues cada publicación o video que generan tiene un propósito educativo. El joven no es un simple receptor, sino un creador activo que construye su imagen profesional y ética en el entorno digital.

 

Algunos adolescentes han descubierto su vocación gracias a la interacción con el ámbito digital. En búsqueda de oportunidades, al explorar los sitios de redes sociales del PDL han encontrado toda la información necesaria para matricular en el curso de gastronomía integral, contada en la voz de sus homólogos.

 

Historias como esta ilustran el objetivo central del programa: propiciar que los jóvenes sean protagonistas de su propio aprendizaje, capaces de producir y compartir contenidos de valor en redes, de comunicar su evolución profesional y de reflejar lo aprendido en su entorno social.

 

En palabras de López Llerena, se trata de “educar la mirada digital”, de enseñar a distinguir entre lo útil y lo nocivo, entre el consumo pasivo y la creación consciente.

 

La ética como ingrediente de la formación

 

El docente insiste en la necesidad de incorporar la ética digital como componente transversal en la educación de los adolescentes. De ahí que su programa incluya la asignatura los fundamentos de la comunicación responsable, para comprender cómo se regulan la información, la privacidad y el respeto a la diferencia en los medios contemporáneos.

 

Este enfoque parte del principio de que la comunicación es tan relevante como la técnica: un buen cocinero o camarero también debe saber representar su trabajo y comunicarse con los demás. Desde esa visión, la enseñanza de normas de convivencia y responsabilidad en redes se articula con valores más amplios como el respeto, la cooperación y el sentido comunitario.

 

Redes sociales: laboratorio de creatividad y responsabilidad

 

El Dr. López Llerena propone una confluencia entre tecnología, pedagogía y oficio. No se trata únicamente de usar las redes para difundir recetas o experiencias gastronómicas, sino de construir una comunidad digital coherente, donde los jóvenes aprendan a dialogar con públicos diversos, promover buenas prácticas y compartir conocimiento.

 

La Moneda Cubana impulsa así una visión integradora donde las redes se convierten en laboratorio de creatividad, autoconocimiento y participación ciudadana. A partir de esa lógica, cada video de cocina, historia del día o testimonio de clase es también un ejercicio de comunicación responsable. De esta manera, el aprendizaje profesional se complementa con la narración de la experiencia y el fortalecimiento del sentido de pertenencia.

 

A su juicio, mientras existan proyectos que integren formación técnica, ética y comunicativa, el camino será prometedor: “Si los jóvenes producen contenidos con responsabilidad y criterio —dijo—, estarán contribuyendo no solo a su desarrollo individual, sino al fortalecimiento de una cultura digital más sana y más humana”.

 

En este caso, la gastronomía se vuelve punto de encuentro entre oficio y ciudadanía, entre tradición y tecnología. El aula se traslada al taller, a la comunidad y a las redes, donde los adolescentes aprenden no solo a cocinar, sino también a construir su identidad, a comunicar con sentido y a compartir sus logros como parte de una sociedad en transformación.


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Maya Ivonne Quiroga Paneque

Periodista, locutora, guionista y directora de radio y televisión


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