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sábado, 25 de abril de 2026

Y si vas al Cobre… (+Fotos)

Ir es también tocar una fibra profunda de la nación...

Nelson Hair Melik Marrero en Exclusivo 25/04/2026
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Y si vas al Cobre...
A casi seis meses del paso del huracán Melissa en octubre de 2025, el paisaje todavía guarda cicatrices, pero también señales claras de reconstrucción. (Nelson Hair Melik Marrero / Cubahora)

Y si vas al Cobre, quiero que me traigas una virgencita de la Caridad...”

A unos 20 kilómetros de Santiago de Cuba, El Cobre aparece entre montañas con esa mezcla de silencio y solemnidad que antecede a lo sagrado. Y con ese estribillo, que vive en la memoria espiritual de la nación, llegué otra vez al poblado donde se alza, cercano e imponente, el Santuario Nacional Basílica Menor de Nuestra Señora de la Caridad.
Volver siempre sobrecoge. La escalinata de la iglesia, larga y ancha, parece preparar el espíritu antes de llegar al templo. Hay algo en ese ascenso que impone respeto y, al mismo tiempo, regala calma. Peregrinos de toda Cuba, y también de otros rincones del mundo, llegan hasta allí movidos por la fe, la necesidad o simplemente el deseo de agradecer. Frente a la Virgen —Cachita para los cubanos— todo adquiere otra dimensión.

Aun con heridas visibles, luego del paso devastador del huracán Melissa en octubre de 2025, el lugar sigue ofreciendo algo que no se destruye: esperanza, esa que en tiempos difíciles se vuelve más necesaria.
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Regresar hoy a El Cobre es hacerlo con otra mirada. A casi seis meses del paso del ciclón, el paisaje todavía guarda cicatrices, pero también señales claras de reconstrucción: calles limpias, techos en reparación, postes levantados nuevamente, voces que vuelven a llenar los espacios. La recuperación avanza como resultado de un esfuerzo colectivo en el que instituciones, brigadas especializadas y la propia población han asumido el desafío de rehacer lo perdido.

Y si vas al Cobre... Y si vas al Cobre... Y si vas al Cobre... Y si vas al Cobre... Y si vas al Cobre...

Desde los primeros días, las prioridades fueron claras: limpiar, restablecer servicios básicos, evaluar daños. Ese diagnóstico permitió organizar con rapidez la distribución de recursos —sobre todo tejas— y atender de manera diferenciada a los más vulnerables: ancianos, embarazadas, familias con pérdidas totales.
En ese proceso han sido clave los técnicos de la vivienda y los trabajadores sociales, capaces de ponerle rostro a cada necesidad. Pero también ha sido decisivo algo menos visible: la solidaridad. Donativos de alimentos, medicinas y materiales de construcción han llegado desde distintos puntos del país y desde fuera de él, tejiendo una red de apoyo que sostiene la recuperación.
La cultura, como siempre, ha acompañado. Brigadas artísticas han recorrido comunidades y barrios afectados, llevando música, teatro y alegría a quienes más lo necesitan. Porque reconstruir no es solo levantar paredes: también es sanar el ánimo. Cada entrega tiene un peso simbólico: el de saberse acompañado. En medio del desastre, la mayor certeza fue que nadie estaba solo.
El Santuario, aunque dañado, nunca dejó de ser refugio. Hoy, mientras se reparan vitrales, muros y elementos decorativos, sigue siendo centro espiritual y punto de encuentro. Desde sus espacios se distribuyen alimentos, medicinas y consuelo.
Allí trabajan también jóvenes de la Escuela Taller Hugo Luisi, bajo el principio de aprender haciendo. Sus manos intervienen en la fundición de balaustres, la elaboración de elementos ornamentales y la recuperación de estructuras, combinando técnicas tradicionales con procesos especializados. Mientras aprenden, contribuyen a preservar un espacio que es mucho más que un edificio: es símbolo, raíz, casa.
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Ir al templo es también tocar una fibra profunda de la nación. La Virgen Mambisa, como también se le conoce a la advocación mariana, no es solo símbolo religioso: es historia de la nación. A ella acudieron quienes lucharon por la independencia, y a ella siguen acudiendo hoy quienes buscan consuelo.
El Cobre también es cimarronaje. En lo alto de una loma, la estatua del Cimarrón; en otra, la Virgen. A veces parece que se miran, que dialogan en silencio sobre el destino de esta tierra. Tal vez se pregunten cómo aliviar tanto dolor. Tal vez conspiren, desde la altura, a favor de la vida, de la esperanza y de la protección de los cubanos.

Y si vas al Cobre... Y si vas al Cobre... Y si vas al Cobre... Y si vas al Cobre...

Allí, a los pies de la Patrona que “encauza a buena orilla la endeble y frágil barquilla en que va el pueblo cubano”, no pedí milagros extraordinarios, sino algo más simple: que no falte la fuerza para seguir, para sostener el día a día; que no se apague la fe, que no se pierda el amor.
Y entonces uno entiende mejor que el estribillo no es solo una canción. Es una manera de volver. De llevarse algo más que una imagen: la certeza de que, en ese diálogo silencioso entre la fe y la vida cotidiana, entre el dolor y la esperanza, sigue latiendo —terco, inquebrantable— el corazón de Cuba.


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Nelson Hair Melik Marrero


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