domingo, 5 de febrero de 2023

“Aprendo de todo para escribir de algo”

Entrevista a la poeta Mailin Castro, ganadora de la Beca de Creación Casa Seoane, otorgada en el VII Encuentro Iberoamericano de Jóvenes Escritores...

Rafael De Águila en Cubasí 28/10/2022
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Mailin Castro poeta
“…Mailin, muchacha a la que le llegan a los ojos acuosos reflejos cuando habla de patria y de mambises…”

Entre el 22 y el 25 de septiembre fui invitado al VII Encuentro Iberoamericano de Jóvenes Escritores, evento que se realiza cada año al centro mismo de la Isla, en la mítica —y muy santa y muy clara— ciudad de Santa Clara. El evento —victoria rotunda sobre toda la fatal cohorte de posibles pesares— fue todo un éxito. Y lo fue a partir de la abnegada dedicación y la total entrega de sus organizadores. A jóvenes narradores, poetas y editores cubanos se sumaron escritores de Chile y Colombia. Con los chilenos tuve una muy larga e interesante conversación acerca de la figura de Gabriel Boric, el joven presidente chileno —hecho que me despierta no pocas esperanzas en cuanto a lo que pueda representar para la izquierda latinoamericana—, conversación que, desde luego, se extendió al reciente rechazo por parte del electorado chileno al proyecto constitucional y, muy especialmente, a mis esfuerzos por aprehender y desambiguar las causas y condiciones del complejo conflicto en la región sureña de esa hermana nación. El colega colombiano, por su parte, me explicó —¡entusiasmado como un chaval!— la concepción con la que dirige y lleva a buen puerto un taller literario en la mismísima periferia de su bella Bogotá. Nunca en Cuba se tuvo tantos jóvenes escribiendo. Urge decirlo. Vivir esos días entre tantos jóvenes colegas me llevó a escucharlos. A intentar meterme debajo de la piel de cada uno. A rumiar sus razones. A desear ovillar el tiempo y, ¡otra vez!, jugar a tener la fuerza tremebunda de esa edad. A vaticinar —como sostuviera hace ya muchos años el profesor Salvador Redonet— que necesaria —e ineludiblemente— ¡una vez más! “los últimos serán los primeros”. La noche final del evento fueron entregadas las Becas de Creación Casa Seoane en los géneros de poesía y narrativa. En uno de los casos hube de fungir como jurado. En Poesía obtuvo la Beca la joven poeta y narradora Mailin Castro (1988, Baire); en el segundo la muy joven estudiante de Periodismo y egresada del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, Sofía Maragaya (La Habana, 2002). A Mailin Castro hube de conocerla el pasado mes de marzo. Invitado yo a la Feria del Libro 2022 en Santiago de Cuba, se planificó conversatorio y lectura en la filial de la Facultad de Ciencias Médicas de Contramaestre. Allí estuvo Mailin, recibiéndonos con emotivas palabras. Con ella, ahora en Santa Clara, compartí gratas conversaciones. Me habló —¡emocionada!— de su natal y muy heroica Baire. Inolvidable un almuerzo entreverado de anécdotas de luchas mambisas. Ella misma reside a un lado del sitio en el que se escuchó, en la epopeya iniciada en 1968, el Grito de Baire, uno de los tantos alzamientos simultáneos que la historiografía ha acordado en llamar Grito de Oriente. Ya en mi Habana recibo de Mailin una foto: “Debajo de estas aguas se halla Bijagual, sitio en el que se destituyó al Padre de la Patria. Hoy la presa lleva su nombre y sus aguas cubren el infausto sitio”. Y después: “Tienes que verlo, tienes que venir”. Miré la foto y, sin pensarlo dos veces, propuse a Mailin, muchacha a la que le llegan a los ojos acuosos reflejos cuando habla de patria y de mambises —cuando Cuba y la poesía le bullen como un tornado dentro— una entrevista. Acá les va:

Mailin, eres graduada de Informática. Varios jóvenes narradores y poetas cubanos lo son. La pregunta parece obvia, se diría que obligatoria. ¿Existe alguna conexión —secreta, genésica, telúrica— que vincule Informática y Literatura?

La informática nunca me apasionó. No soy enteramente apta para algoritmos. No me apasionan tanto como me apasionan las letras, eso también aseguran los amigos. Si existiera alguna conexión secreta entre la Informática y la Literatura, en mi caso, residiría en el impulso que la primera me ha infundido para escapar de ese mundo. Huir de números y algoritmos. La Informática me puso en fuga hacia la Poesía. Aunque solo sea así… para algo ha mediado la Informática.

Obtuviste el Premio en el Encuentro Debate Nacional de Poesía 2015; el Premio Patria Chica 2020; ahora la Beca de Creación Casa Seoane 2022. Tus poemas han sido antologados en Cuba y Honduras. La revista chilena Nube Cónica publicó poemas de tu autoría el año pasado. Tu poesía, esos poemas con los que acabas de ganar la Beca de Creación Casa Seoane, se diría es más coloquial que densa; más personal que gregaria; más emocional que intelectiva. ¿Cuáles son tus dioses poéticos? ¿Cuáles tus lecturas? ¿Cuáles tus autores de privilegio? ¿Qué lecturas te han formado y hasta hoy conformado?

Mis lecturas primigenias, desde mi formación religiosa, eran muy teologales. San Juan de la Cruz y la Summa Teológica, de Santo Tomás de Aquino, eran mis libros de cabecera. Asomó para quedarse, en el alma, la poesía de José Martí, urge comenzar por la casa. Y Martí es la casa. La primera. Con el tiempo y la formación literaria llegó José Lezama Lima, su poesía densa, a ratos conversacional y siempre muy intelectiva me apasiona e inspira. Walt Whitman y Ezra Pound no se apartan de mi lado. En el ámbito más actual y cercano, poetas del patio como Reinaldo García Blanco u Oscar Cruz son motivos para que mi poesía no se aísle, no se cierre, intente ser una poesía narrativa, capaz de contar, narrar, sufrir, gritar lo que vivo y, muy especialmente, lo que viven los que me rodean.

“Es difícil nombrar a todos los poetas y narradores que han jalonado y jalonan hoy mi vida, lo que escribo. No quiero olvidar nombres. (…) Y el más grande de todos: José Martí, poeta y profeta. Martí es como dices, un estandarte. Vivo, además”.

No solo escribes poesía. Eres también narradora. ¿Qué vientos te alzan y te llevan más lejos: la poesía o la narrativa? ¿Cuándo y cómo asoma una y se anuncia o retira la otra? ¿O son, parafraseando a Martí, una las dos?

Desde lo logrado hasta hoy la poesía me ha dado más alegrías. Sin embargo, me empeño en creer, en decir a los amigos, a mí misma, que soy más narradora. Lo siento así. Intuyo que algún día mi narrativa florecerá, cantará como he logrado lo haga mi poesía. Y sí, son una las dos. Solo que tal vez la narrativa reposa, es sabia, espera el tiempo de brotar y de cantar.

En la poesía y la narrativa cubana, la de hoy, esa que llevamos a cuestas y alzamos como un estandarte, ¿qué obras y autores reverencias?

Es difícil nombrar a todos los poetas y narradores que han jalonado y jalonan hoy mi vida, lo que escribo. No quiero olvidar nombres. Reitero la mención de Reinaldo García Blanco, paradigma de poeta y de amigo. Ian Rodríguez, a quien considero Maestro de jóvenes poetas en el país. En Narrativa, aunque ella no lo intuya, Aida Bahr es mi ídolo. Para ella mi admiración y mi gratitud, por influir en mi literatura. Y el más grande de todos: José Martí, poeta y profeta. Martí es como dices, un estandarte. Vivo, además.

¿Qué influencias reconoces desde la Literatura universal? ¿Cuáles son ahora mismo tus lecturas y preferencias?

Las influencias son muchas, desde todas partes. La Santa Biblia, sus textos llenos de poesía. Jalil Gibran. En el entorno nacional poetas jóvenes, creadores con los que he compartido y comparto en grupos virtuales como Reynaldo Zaldívar, Elizabeth Casanova, Junior Fernández y, por supuesto, poetas que no dejan de influir con sus textos como Jorge L. Legrá, Osmel Valdés, nuestro inolvidable Eduard Encina, menciono a Eduard Encina en presente, y lo hago, y lo haré siempre, porque su obra, muy especialmente “Las estructuras del silencio”, es una suerte de machete para aclarar la manigua de los que escribimos al borde de ese fino hilo que es la Carretera Central.

Mucho se ha hablado acerca de cierto fatalismo geográfico, ese que según muchos llega del no vivir en la capital, no residir en centros urbanos, esa circunstancia que es vivir en el centro o en la periferia. ¿Asumes esa circunstancia, ese ser rodeado de la periferia por todas partes, como fatal? ¿Qué impacto real puede tener para un escritor joven hoy en Cuba vivir en provincias, no en una capital de provincias, o sitio urbano, sino un sitio íntegramente rural?

Aunque muchos se empeñen en negarlo, el “fatalismo geográfico” incide, quizás no tanto en la obra sino en las oportunidades que puede aprovechar o no el escritor que vive en la periferia del país. Hemos desarrollado cierta “resistencia creativa”, mecanismo de defensa que emana de las escasas oportunidades que logramos aprovechar al carecer de la totalidad de espacios privilegiados que suelen existir en las grandes ciudades. En el pasado evento Iberoamericano de Escritores de Santa Clara, por ejemplo, tuve acceso a la Literatura que se realiza hoy mismo en Cuba y en varios países, no solo acceso en cuanto a conocer la obra literaria de otros creadores o comprar sus libros, sino conocer a los autores, escucharlos, departir con ellos, escucharlos. Luego queda el contacto personal, ese que te impulsa, te motiva a salir de tu resistencia, de tu armazón, de toda geografía y todo fatalismo para abrirte al mundo. 

¿Cuáles son tus planes? ¿En qué te afanas hoy mismo? ¿Qué podemos esperar de Mailin Castro en los próximos años?

Escribo. Más que nunca. Leo. Más que nunca. Pienso. Vivo. Asisto al Taller Literario Verbum, al que pertenezco. Espero que algunos de mis libros se abran paso, crezcan hacia la luz. Y aprendo. Aprendo de todo… para escribir de algo.


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Rafael De Águila

Escritor La Jiribilla


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